Vida y música de W. A. Mozart II


En este viernes de Temas Musicales continuamos con ese prodigio de la música Wolfgang Amadeus Mozart y como un homenaje a Casiopoea, esposa de miel y canto, recta como los silbos, imagen sin fin que calma en mi alma como átomo de luna en los ángulos del firmamento de mi corazón; caracola dulce, en cuyos caminos todo es celeste y tiene en cada mano regazos de luz.

Celso Lara

Y así­ es como los hermanos Mozart conocen Frankfurt, Augsburgo, Lovaina y Bruselas, hasta llegar finalmente a Paris, donde actúan para Luis XV en el mismo Versalles. No hace falta detallar la conmoción que causan los conocimientos musicales de Wolfgang en cada lugar que visitó. Una vez, su padre cubrió las teclas de clave con un paño, para evidenciar el virtuosismo de Mozart, quien toca por puro reflejo, instintivamente. Allí­ mismo, en Paris, se imprimen y publican las primeras sonatas del joven compositor.

Los Mozart llegan a Londres en la primavera de 1764. Su fama les ha precedido. El rey Jorge III les invita a palacio y pone a prueba la maestrí­a de Wolfgang mediante varias obras de Haendel, sumamente difí­ciles. Mozart, a los 8 años, resuelve de forma airosa su compromiso y cautiva a la nobleza de aquel paí­s. El muchacho compone sus primeras sinfoní­as y entabla amistad con Johann Christian Bach, el menor de los hijos del gran Juan Sebastián.

Cuando por fin, Leopoldo decide el retorno a Salzburgo, aprovecha el viaje para visitar los Paí­ses Bajos, además de Francia, Suiza y Munich. En noviembre de 1766, tres años después de su partida, los Mozart se instalan de nuevo en Salzburgo.

Los jóvenes años del genio

Wolfgang es un muchacho de naturaleza enfermiza; ello queda en evidencia ante las constantes crisis que atraviesa en su paso a la pubertad. Ahora, con la calma que le ofrece su hogar en Salzburgo, Mozart descansa y recibe clases en latí­n y de idiomas.

Pocas semanas después de su llegada, Wolfgang obtiene del arzobispado Segismundo III el encargo de componer el oratorio La obligación del primer mandamiento, cosa que hace con la ayuda de Antonio Adlgasser y de Miguel Haydn, hermano del gran compositor Joseph Haydn. Mozart sigue componiendo fugas, motetes y sonatas, hasta llegar a septiembre de 1767, fecha en que Leopoldo cree conveniente volver a Viena, donde buscar fortuna en el mundo de la ópera en vista de la creciente curiosidad que tal género despierta en su hijo.

Al llegar a la capital austriaca, la familia Mozart descubre que la ciudad está amenazada por una grave epidemia de viruela, la cual no tarda en producirse. Una de las primeras ví­ctimas es, justamente, la archiduquesa Marí­a Josefa.

Los Mozart huyen de Viena y se refugian en casa de un amigo que reside en Olomouc, pequeña ciudad checa, al norte de Moravia. Sin embargo, la enfermedad les acompaña y muy pronto se manifiesta en los dos hermanos, Nannerl y Wolfgang, que superan este contratiempo con lentitud, aunque el muchacho queda resentido hasta el fin de sus dí­as. Ya repuestos, vuelven a Viena, donde Leopoldo logra, con sus influencias, que el emperador encargue una nueva ópera a Wolfgang, Mozart compone entonces, en pocas semanas, La finta semplice, y su padre la presenta, intentando su rápida audición en público. Al llegar a este punto aparecen las inevitables envidias e intrigas palaciegas, que impiden el curso normal de la representación. Profundamente dolido, Leopoldo comprende que no podrá estrenar la obra de su hijo. Ello no es obstáculo, sin embargo, para que Wolfgang realice composiciones tan importantes como Bastien y Bastiana y una Misa Solemne, que presenta en la misma Viena con éxito absoluto de público. De nuevo en Salzburgo, Mozart tiene ocasión de estrenar su ópera sin impedimentos y recibe los honores del cargo de maestro de conciertos, que le otorga el arzobispo de la ciudad.