Segundo año del presidente Colom


Al observar las evaluaciones del primer año del presidente Colom, tanto en los diarios y comunicados públicos como en las manifestaciones del movimiento social, a lo largo y ancho del paí­s, se nota el descontento y la frustración de amplios sectores. Los grandes problemas, lejos de empezar a resolverse se han visto agravados. Es tiempo de que el gobierno cambie de rumbo.

Lic. Raúl Molina

Ante la alarmante violencia, el Estado debe asumir su responsabilidad primaria de brindar seguridad, aunque no por la ví­a represiva ni la ví­a militar. Urgen transformaciones que lleven a la recuperación de la eficiencia del Estado y con ello de la confianza de la población. En Guatemala se ha permitido la impunidad más atroz por los más graves crí­menes. De la ola de delitos de los últimos años, menos del 2% han llegado a ser condenados por el sistema de justicia. Los yerros se acumulan desde las acciones de la Policí­a Nacional hasta las decisiones de los jueces. En materia de genocidio y crí­menes de lesa humanidad durante el conflicto armado interno la impunidad es todaví­a más grosera; casi 0% de los responsables han sido condenados (quizás 10, ante 200,000 muertos). Hay que recuperar la justicia.

Factor importante para la delincuencia es la situación económica. Las maras son una modalidad de supervivencia, ante la ausencia de oportunidades para grandes cantidades de jóvenes. Debido a la miseria generalizada, es muy fácil contratar «sicarios» para eliminar «obstáculos», pudiendo ser reclutados en las calles o aun al interior de las fuerzas de seguridad. La situación se tornará más oscura, de no tomar el gobierno medidas económicas paliativas, cuando la crisis económica internacional nos golpee más intensamente. El gobierno debe enfrentar dicha crisis con la generación de empleo urbano y el traslado de tierra y suministros a los campesinos. Para ello, no debe ver a los trabajadores, campesinos y quienes buscan ingresos como sus contrarios. Debe ser solidario y verlos como aliados para la búsqueda de las mejores soluciones conjuntas.

Tampoco se puede ignorar la tradicional politiquerí­a del paí­s, a la cual no escapan ni los partidos polí­ticos ni las entidades del Estado. Los ataques de unos y otros se magnifican para ganar posiciones para las elecciones próximas en tres años. Así­, no resulta sorpresa que la llamada «oposición» insista en que el objetivo del gobierno es trasladar la primera magistratura del paí­s a la esposa del Presidente. Para lograr hacer gobierno en adelante y enfrentar las crisis, lo que corresponderí­a serí­a la renuncia de la Primera Dama a esa aspiración presidencial y la transformación de la fuerza polí­tica gobernante en un verdadero partido social-demócrata.

Finalmente, en materia migratoria, el gobierno fomenta la animadversión de los migrantes. Conamigua ha sido mal establecido, mal implementado, no cuenta con recursos y nadie sabe qué pretende hacer. Una vez más insistimos en que los migrantes sean tomados en cuenta, se modifique sustancialmente Conamigua, que tenga los recursos que necesita y que se aproveche la oportunidad que brinda el compromiso asumido por el presidente Obama de reformar la Ley de Inmigración estadounidense en su primer año de gobierno. Confiamos en que él sí­ cumpla las promesas formuladas.