La decisión de la justicia brasileña de conceder al ex activista italiano de extrema izquierda Cesare Battisti asilo político, generó hoy enérgicas condenas del gobierno italiano y de los familiares de las víctimas que recuerdan los asesinatos por los que fue condenado en Italia en 1993.
El ministerio de Relaciones Exteriores italiano reaccionó con una inusual nota en la que no sólo condena la decisión del ministro Tarso Genro, sino que solicita directamente al presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva reconsiderar la decisión.
«Italia hace un llamado al presidente Lula para que se tomen todas las iniciativas posibles, en el marco de la cooperación judicial internacional en la lucha contra el terrorismo, para una revisión de la decisión judicial», afirma el comunicado de la cancillería.
«Cesare Battisti es un terrorista responsable de delitos muy graves que no tienen nada que ver con el estatuto de refugiado político», subraya la nota de la cancillería italiana.
El ministro de Justicia de Brasil, Tarso Genro, decidió el martes otorgar el estatuto de refugiado a Battisti, de 54 años, ex dirigente de los Proletarios Armados por el Comunismo (PAC), quien fue condenado en ausencia en Italia a cadena perpetua por cuatro homicidios que habría cometido entre 1977 y 1979.
Battisti, se dio a la fuga en 1981 y a inicios de los años 90 se refugió en Francia, donde se convirtió en un célebre escritor de novelas policíacas.
En el 2004 huyó a Brasil cuando Francia estaba por aprobar su extradición y en el 2007 fue detenido, lo que generó entonces el regocijo de la clase política italiana, empeñada en saldar cuentas con los protagonistas de los «años de plomo» del terrorismo de la década de los 70 y de las Brigadas Rojas.
El ministerio italiano recuerda en la nota «las relaciones de intensa colaboración establecidas recientemente entre los países más industrializados del G8 con países como Brasil para derrotar el terrorismo internacional».
Lula fue recibido en noviembre pasado por Berlusconi en Roma con el que acordó unir esfuerzos para encarar la crisis económica mundial.
Además de la cancillería, varios representantes del gobierno conservador de Silvio Berlusconi manifestaron su indignación contra la decisión de la justicia brasileña.
El viceministro del Interior, Alfredo Mantovano, calificó de «grave y ofensiva» la decisión: «un insulto a nuestro sistema democrático», dijo.
El senador Maurizio Gasparri, vocero del gobernante Pueblo de la Libertad, expresó su «desconcierto y dolor», mientras uno de los líderes de oposición del izquierdista Partido Democrático, Piero Fassino, estimó que la decisión de Brasil «es equivocada».
«Fue protagonista de la lejana época del terrorismo y sería justo que los magistrados brasileños tuvieran mayor conciencia de lo que hacen», declaró.
Entre los más indignados figuran las asociaciones de familiares de las víctimas de terrorismo.
«Una vez más hubo total insensibilidad y falta de respeto a nuestra democracia», declaró a la AFP Sabina Rossa, diputada del Partido Democrático (centro izquierda), cuyo padre fue asesinado por las Brigadas Rojas.
«Es una decisión absurda. Tenemos que cambiar de táctica, vamos a hacer algo serio. Pasar de las bellas palabras a los hechos, serios y ponderados», advirtió por su parte Alberto Torregiani, quien se quedó tetrapléjico en un atentado atribuido a Battisti.
Además de Brasil, Francia negó hace cuatro meses la extradición por «razones humanitarias» a la ex militante de las Brigadas Rojas Marina Petrella.
Se trata de dos casos que han generado fuerte reacciones en Italia, país que se enfrenta así con dos países que tradicionalmente han defendido y otorgado el estatuto de refugiado político.
Battisti, que siempre se ha proclamado inocente, alega que fue condenado por el testimonio de un ex compañero en la organización izquierdista, Pietro Mutti, quien fue premiado por su delación, y sin ninguna prueba pericial.
El ex activista se considera un perseguido político.
«Estoy seguro de que seré blanco de venganza si voy a Italia», aseguró en una entrevista publicada esta semana en la revista brasileña í‰poca concedida en la cárcel de Brasilia en la que esperaba la resolución de su caso.