En Guatemala, aún vivimos en plena Guerra Fría, y eso se refleja en los «enfrentamientos ideológicos» en los que nos enfrascamos. Tomemos como ejemplo el conflicto en Gaza, al cual se han referido la mayoría de columnistas de prensa de Guatemala, y cómo se ha polarizado este tema.
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En primer lugar, creo sinceramente que -como guatemaltecos- entendemos poco o nada de ese conflicto. Sin embargo, opinamos y tomamos partido, como si los misiles estuvieran cayendo a la par de nuestra casa. Básicamente, se han tomado dos posturas.
POSTURA UNO: LA INTRANSIGENTE: es la que han tomado quienes defienden el derecho de Israel de atacar a los «terroristas» de Hamas. El término terrorista lo ha puesto de moda Estados Unidos, desde los ataques del 11 de septiembre, ya que el Imperialismo nunca ha funcionado sin un «enemigo común» a quien echarle la culpa por si las cosas no funcionan. En el Imperio Romano, se trataba de los bárbaros; en el siglo XX, fueron los comunistas. Por ello, Israel justifica las casi mil muertes en Gaza -la mayoría de ellas de civiles- con el argumento del combate al terrorismo, ya que Hamas es un grupo terrorista que lanza misiles para infundar el terror.
POSTURA DOS: LA SOLIDARIA: es la que se han tomado los partidarios del pueblo palestino, que soporta el ataque «genocida» de Israel, que seguramente ha lanzado el ataque para favorecer a tal o cual candidato a Primer Ministro, en elecciones que se realizarán en pocos meses. Aquí, la historia de David y Goliat se revierte, no porque el chico gane, sino porque Goliat ahora es israelita. Desde esta postura, los palestinos simbolizan la lucha de la resistencia en contra de la prepotencia hegemónica de occidente.
Y, al margen de estas dos posturas, contrarias e irreconciliables -como las esperanzas de paz en Medio Oriente-, no somos capaces de ver el panorama de todas las variables que intervienen en este conflicto.
Tanto los palestinos como Israel tienen derecho a vivir en paz, obviamente. Lo que pasa es que la guerra ideológica sigue tan latente como hace tres o cuatro décadas, en donde el mundo debía estar de un lado o del otro.
Y mientras extendemos nuestros viejos rencores ideológicos en un conflicto lejano, no logramos aterrizar nuestras críticas y/o propuestas acá en Guatemala, en donde el Gobierno y el Congreso cumplen un año, con aciertos y tropiezos. En nuestro país, la violencia cotidiana nos dejó el año pasado tantos muertos como en los ataques en Gaza, y no hay muestras de solidaridad ni nada de eso. En Medio Oriente, lo que es criticable es la incapacidad de solucionar un conflicto histórico de parte de los actores mundiales, además de tomar en cuenta que tanto el millar de palestinos muertos como los misiles de Hamas a Israel son igualmente condenables.