Toda persona, ya no digamos un representante del pueblo como lo es cada uno los diputados, debe tener el cuidado, la acuciosidad y la metodología para que antes de proponer, de aprobar un tratado de libre comercio en general y específicamente con Colombia, Chile, Perú y Panamá, se compruebe la conveniencia o inconveniencia de hacerlo en base a las estadísticas y la información sobre comercio exterior que exista entre Guatemala y los países con los que se plantea un tratado de libre comercio.
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La información está disponible en la página Web del Banco de Guatemala, al comprobar la misma se evidencia que un Tratado de Libre Comercio con Colombia es innecesario, inconveniente e improcedente. Las importaciones provenientes de Colombia ascienden a US $230 millones 678,600.00 y las exportaciones suman US $33 millones 238,200.00 a octubre del año 2008.
Con Chile, a las mismas fechas, las importaciones ascienden a US $239 millones 235,900.00 y las exportaciones a Q90 millones 533,700 (la mayoría azúcar).
Las importaciones con Perú ascienden a US $171 millones 725,500 y las exportaciones a US $47 millones 125,200.00. Si pusiéramos en vigencia tratados con esos tres países perderíamos todos los impuestos de importación y más grave aún su capacidad de oferta de exportación haría que en Guatemala se perdieran por lo menos unas 15 mil plazas de trabajo.
No nos engañemos, una cosa es ir de viaje y a reuniones a estos países, hacerse mutuamente reconocimientos diplomáticos y otra cosa es equivocarse y no defender los intereses del país, del fisco y de los trabajadores guatemaltecos. Tomemos ejemplo del presidente entrante de los Estados Unidos, Barak Obama, que públicamente ha señalado que no hará tratados de libre comercio si no se demuestran las ventajas que los mismos conlleven para los ciudadanos norteamericanos.
Con Panamá es distinto. Primero, es un país que forma parte de la integración centroamericana; segundo, la mayoría de las importaciones provienen de la zona franca de ese país y son bienes que de todas maneras importaríamos de Japón, China o Europa. Por ello, independientemente del amor o del aborrecimiento, el Congreso no puede ratificar estos tratados y perjudicar a todos los que se ha señalado.
Es público conocimiento que varios tratados ya recibieron dictamen favorable por la Comisión de Economía que presidía Mariano Rayo. Las circunstancias eran otras y aunque podría ser que no se tuvo la suficiente precaución, el objetivo no es criticar ni a Mariano, ni a los miembros de la Comisión de Economía, lo que sí sería imperdonable es que el pleno vaya a cometer el grave error de aprobar cualquiera de los tratados señalados o cualquier otro tratado que no se demuestre plenamente que tiene ventajas recíprocas, porque insisto, que se nos diga concretamente qué le vamos a exportar a Colombia, qué le vamos a exportar a Chile, qué le vamos a exportar a Perú y la respuesta es evidente, salvo azúcar y hule, no le podemos exportar nada que valga la pena en el intercambio, distinto es la posibilidad con Europa, con Estados Unidos y demás países desarrollados.
Recordemos que públicamente los voceros empresariales de CACIF criticaron estos tratados, lo mismo deberían de hacer los sindicatos del sector público, privado y las cooperativas.