Bangladesh celebra unas elecciones llamadas a restaurar la democracia.
Bangladesh pondrá fin el próximo lunes a dos años de un gobierno de transición apoyado por el ejército, con unos comicios que las autoridades presentan como los más democráticos en la historia del país, pese a que sus veteranas candidatas tienen cuentas pendientes con la justicia.
Esta nación laica extremadamente pobre del sureste asiático, de mayoría musulmana, celebrará sus primeras elecciones en siete años, en medio de un despliegue de seguridad sin precedentes para evitar cualquier atentado o irregularidad en las urnas.
Más de 50.000 militares han sido movilizados y el lunes se sumarán unos 600.000 policías y paramilitares.
En vísperas de las elecciones, las autoridades arrestaron a 23 presuntos militantes islamistas en el país, golpeado en los últimos años por una serie de atentados.
En cuanto a la transparencia de los comicios, la comunidad internacional se ha felicitado de los esfuerzos de Dacca, que eliminó de las listas electorales a 13 millones de electores «fantasma».
Durante una visita este mes a Dacca, el ex candidato republicano a la Casa Blanca, el senador John McCain, describió estos comicios como los «más justos del mundo», gracias a las reformas emprendidas por el gobierno interino.
El actual régimen bangladesí, liderado por el ex gobernador del banco central Fajruddin Ahmed, se encuentra en el poder desde enero de 2007, cuando el ejército impuso el estado de excepción y canceló unas elecciones después de meses de violencia política.
Con estos comicios, la nación, de 144 millones de habitantes, espera no sólo dejar atrás esta etapa sino superar de una vez por todas un periodo de 40 años de golpes de Estado, violencia y lagunas democráticas.
Pero sus candidatos son viejas caras conocidas.
Las dos mujeres que dominaron la vida política desde 1991 hasta 2006, Jaleda Zia, del Partido Nacionalista de Bangladesh (derecha), y su gran rival, Cheij Hasina Wajed, presidenta de la Liga Awami (formación laica de centro-izquierda) volverán a pujar por la victoria.
«El consenso general da la victoria a la Liga Awami, pero todavía hay un gran número de indecisos», un factor de incertidumbre que se suma al hecho de que un tercio de los 81 millones de electores votarán por primera vez, subrayó Manzoor Hasan, politólogo en Dacca.
Zia y Hasina, dos sexagenarias que se profesan un odio mutuo, son herederas de grandes dinastías políticas.
Jaleda Zia entró en política tras el asesinato de su esposo, el presidente Ziaur Rahman, en 1981. Fue jefa de gobierno entre 1991 y 1996, y después de 2001 a 2006.
Entre ambos periodos, de 1996 y 2001, el puesto de primer ministro fue ocupado por Cheij Hasina Wajed, quien había vivido a la sombra de su padre, Mujibur Rahman, el primer presidente de Bangladesh, tras la independencia del ex Pakistán Oriental en 1971. Fue asesinado por los militares cuatro años después.
Las dos mujeres también tienen en común ser investigadas desde 2007 por la justicia por presunta corrupción y malversación de fondos.
El gobierno interino trató primero de forzar su exilio y después las detuvo durante un año, pero tuvo que liberarlas bajo fianza para permitirles participar en las elecciones.
Un tercer candidato, el ex dirigente militar Hussain Muhammad Ershad, expulsado en 1990 y encarcelado después por corrupción, podría convertirse en el jugador clave en caso de un ajustado resultado entre ambas favoritas.