Propuesta navideña


Hasta ahora las navidades se han centrado en regalar, abrirse a los demás y ser generosos. En el ambiente no se escucha sino el cántico del presente. Y para esto se echa mano de lo que sea para fundamentarlo: los reyes magos regalaron incienso, mirra y áloe al Niño Jesús; la venida del Salvador fue un regalo a los hombres; Dios quiere en este tiempo que compartamos nuestras cosas. Son dí­as, en consecuencia vividas en clave de regalo.

Eduardo Blandón

El mercado lo sabe bien y por eso explota esos buenos sentimientos cristianos (y paganos también). Los centros comerciales se atiborran de gente, las avenidas se cierran e Internet no para en ofrecer ofertas. Son fiestas en donde hay que gastar para sentirse dichoso, los mismos hijos si no se les educa aprenden a valorar el afecto de acuerdo al tamaño del obsequio. Así­, hay padres menos buenos que otros, dentro de la lógica comercial.

Para no seguir ese juego inútil parece necesaria una terapia mental crí­tica que nos ayude a ser menos borregos y más inteligentes y libres. Propongo que así­ como regalamos a quienes amamos cosas bonitas: joyas, ropa, juguetes, viajes y cenas de gala (con ponche), prometamos regalarles despojos permiten la felicidad del hogar y son obstáculos para la vida dichosa.

Hagamos intercambio de regalos. Imaginemos que papá dice hoy en la noche: «Mi amor, te regalo mi mal carácter (para que lo eches a la basura y te deshagas de él), mis celos enfermizos y mi tacañerí­a congénita, porque te amo y quiero ser diferente». Y ella, para no quedarse atrás responde: «Cielo lindo, quiero obsequiarte a manera de intercambio y para que veas que también puedo ser generosa, mi acoso diario de las llamadas telefónicas, mi falta de cariño con la que te recibo por las noches y mi poco diligencia en la educación de nuestros hijos». Serí­a fantástico. Serí­a como una especie de regalo espiritual que no tiene que ver nada con las compras en las tiendas.

Igualmente un hijo puede intentar ser generoso y decir: «Papá, quiero regalarte mis malas notas (a partir de hoy quiero que sean sólo cosa del pasado), mis pocas expresiones de amor, mis rebeldí­as, mi desobediencia y mis descuidos en las tareas de casa». Y papá podrí­a responder: «Yo te regalo, mi humor caverní­cola, mi escasa comprensión y falta de atención a tus necesidades e intereses y el pago puntual de la colegiatura del colegio para que los curas no te vuelvan a molestar nunca». Incluso eso podrí­a hacerse luego de cena, leí­das luego de ser escritas en un papel y alrededor del árbol de navidad.

La fecha así­ no serí­a sólo de regalar cosas materiales, bonitas y caras económicamente, sino basura (que a la postre no abona para un buen crecimiento familiar y se constituyen en verdaderos tesoros). La idea es sacar las inmundicias de casa y quemar al Diablo (quizá ahora sí­ tiene sentido). Con esto tendrí­amos las manos y el corazón limpio para poner al Niño Dios en su nacimiento y celebrar como se debe estas fechas.

Lo invito luego de la cena de hoy a intercambiar ideas con su familia sobre qué regalo le gustarí­a recibir de la otra persona. Se sorprenderá de las cosas que oirá y será una muy buena terapia para el corazón de cada uno. Feliz Navidad.