El secuestro de la Navidad


En mi columna de la semana pasada hice referencia a la preocupación del arzobispo metropolitano de Guatemala, cardenal Rodolfo Quezada Toruño sobre el fenómeno de la comercialización de la Navidad, pues no hay duda que se ha distorsionado el verdadero sentido de este gran acontecimiento histórico como es el nacimiento del Niño-Dios.

Félix Loarca Guzmán

Sobre esta temática, los directores de la agencia argentina de noticias Argenpress, difundieron un interesante trabajo del prestigiado académico mexicano Fernando Buen Abad Domí­nguez, especialista en imagen y comunicación, además de doctor en filosofí­a.

Por su importancia, considero oportuno reproducir algunos fragmentos de este extraordinario artí­culo, en el cual el autor señala, entre otras cosas, que sin la publicidad, sin la complicidad de los gobernantes, sin la complacencia de los mandos clericales, el cometido mercantil de los festejos navideños naufragarí­a en las tiendas de los centros comerciales. Agrega que los mass media han secuestrado, en alianza con sinnúmero de socios, la «Navidad». Antes, durante y después del que se conoce como dí­a del aniversario natalicio de Jesucristo, una vorágine mercantil se apodera del mundo y lo inunda con mal gusto, jugueterí­a basura y música cursi al servicio de un episodio de expansión comercial cuya capacidad de penetración ha rebasado todo lí­mite. Y se lo promueve como logro moral del capitalismo.

Con una impresionante capacidad analí­tica, el doctor Abad Domí­nguez puntualiza que se trata de un ultraje navideño con juguetes, arbolitos, esferas, luces, moños y excesos de todo tipo. «La industria publicitaria» cumple su tarea ideológica, camuflada de cristiana, entrañable e inofensiva. Reino terrenal de sistema avasallante de producción publicitaria en éxtasis capitalista de objetos incontables y en plena crisis de sobreproducción. Nos inunda la publicidad, juega con nuestros sueños, planifica estrategias de ventas con bases materiales concretas y complejas, se hace de nuestras palabras y penetra nuestros campos imaginarios, nuestros deseos, nuestros apetitos, nuestras ambiciones… alienación que desgarra toda relación con la vida real para garantizar la usurpación del salario a cambio de baratijas de ocasión. «Noche de paz y noche de amor»? dicen.

El estudioso mexicano subraya que no hay Dios Padre ni Dios Hijo que se ponga contento con llenarle los bolsillos a esos mercachifles dueños de la payasada mercantil que nos saquea los salarios. Pide que no nos dejemos extorsionar, y que nada de lo que anuncia la publicidad debe ser comprado si no corresponde a necesidades concretas de los trabajadores. Añade que no hace falta emborracharse ni embrutecerse para ser felices.