Guinea vivía hoy una tentativa de golpe de Estado, encabezada por un capitán, pocas horas después de anunciarse la muerte del presidente, el general Lansana Conté, en el poder desde 1984.

En una declaración radial, el capitán Musa Dadis Camara anunció que «a partir de hoy se suspende la Constitución, así como toda actividad política y sindical».
«El gobierno y las instituciones republicanas han sido disueltos», agregó.
En un comunicado, los militares golpistas, agrupados en un «Consejo Nacional para la Democracia y el Desarrollo», pidieron a los «miembros del gobierno» y a los altos mandos del ejército acudir al principal campamento militar del país, en la capital Conakry, «para garantizar su seguridad».
También pidieron a la población que se quede en casa y evite el vandalismo y el pillaje y declararon formalmente prohibidas las reuniones.
Por el momento no se ha dado parte de ningún acto violento en el país tras la muerte de Conté.
La intentona golpista perturba el esquema de sucesión previsto por la Constitución y anunciado por los principales responsables civiles y militares del régimen tras el deceso por una «larga enfermedad» del presidente, de 74 años de edad.
La Unión Africana (UA) dijo seguir con «mucha inquietud» la situación y pidió «una transición constitucional, pacífica y consensuada, respetando el orden democrático», según dijo a la AFP el comisario de Paz y Seguridad de la organización, Ramtan Lamamra.
El presidente Conté había llegado al poder mediante un golpe de Estado militar en abril de 1984, una semana después de la muerte de Ahmed Sekou Touré, que gobernaba el país desde su independencia de Francia, en 1958.
En sus 24 años al frente del país, Conté se apoyó constantemente en el ejército para mantener el poder.
La declaración de Camara, que hasta ahora era jefe de la sección «carburante» en el ejército, tuvo un fuerte acento social, al atribuir a los gobernantes la responsabilidad de «la desesperanza profunda de la población».
«Guinea celebró el cincuentenario de su independencia el 2 de octubre clasificada en la categoría de los países más pobres del planeta. Con los inmensos recursos naturales que tiene, podría haber sido mucho más próspera, pero la historia y los hombres han decidido otra cosa», afirmó.
«El desfalco de fondos públicos, la corrupción generalizada, la impunidad erigida en método de gobierno y la anarquía en el aparato del Estado han terminado por hundir nuestro país en una situación económica catastrófica, particularmente dramática para la gran mayoría de los guineanos», añadió.
«Los miembros del actual gobierno son en gran parte responsables de estas crisis sociales y económicas sin precedentes, del mismo modo que las instituciones republicanas han brillado por su incapacidad a la hora de implicarse en la resolución de esta crisis», añadió.
En la madrugada del martes, el presidente de la Asamblea Nacional, Aboubacar Somparé, anunció ante la televisión estatal la muerte de Lansana Conté, de 74 años, tras «una larga enfermedad», y pidió al presidente de la Corte Suprema que haga aplicar la Constitución.
Ante la televisión nacional, el jefe de gobierno, Ahmed Tidiane Souaré, hizo un llamamiento a la «calma» a la población, que fue reiterado por el jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Diarra Camara, quien se encontraba a su lado.
La presencia de este general junto al primer ministro demuestra, según observadores, una división en las Fuerzas Armadas guineanas.
Según la Carta Magna, la gestión temporal de los asuntos corrientes del país corresponde al presidente de la Asamblea Nacional, encargado de organizar una elección presidencial en un plazo de 60 días.
La Liga Marfileña de Derechos Humanos calificó la muerte de Conté de «oportunidad» para empezar de cero en Guinea y restaurar la democracia. El presidente de una red de más de cien organizaciones no gubernamentales gabonesas dijo que Guinea se ha visto «liberada de un verdugo».
El «general presidente» Lansana Conté, muerto ayer a los 74 años, gobernó con mano dura Guinea durante 24 años, reprimiendo violentamente todo movimiento de protesta a su gestión, considerada «catastrófica» por las ONG.
Conté, militar de carrera, llegó al poder por medio de un golpe de Estado el 3 de abril de 1984, una semana después de la muerte del primer presidente de la Guinea independiente, Ahmed Sekou Touré.
Nacido en 1934 en Moussayah Loumbaya (región de Dubreka, no lejos de Conakry), Conté era hijo de campesinos de la etnia Sussu (minoritaria).
Tras entrar por concurso en el colegio técnico de la Escuela de Hijos de la Tropa, hizo estudios en Costa de Marfil y Senegal. Incorporado en 1955 en el ejército francés, se retiró con el grado de sargento en el momento de la independencia de Guinea, en 1958, tras lo cual subió en grado.
Era coronel, en 1984, cuando el Comité Militar de Recuperación Nacional lo llevó a la jefatura del Estado.
Lansana Conté, sucesor de Sekou Touré, el «padre de la Independencia» que se convirtió en un dictador paranoico, decepcionó las esperanzas de los demócratas y, apoyando su autoridad en el ejército, resistió a un intento de golpe de Estado en 1985 y a un sangriento motín de soldados, en 1996.
Sometido a presión, hizo aprobar en 1990 una nueva Constitución, que preveía el multipartidismo, pero las elecciones nunca fueron libres ni transparentes.
Conté ganó las presidenciales de 1993 y de 1998. Sin embargo, la oposición boicoteó en 2001 el referéndum sobre la reforma constitucional, que autorizaba una especie de «presidencia vitalicia», y las presidenciales de 2003, que él ganó con 95,63% de los votos frente a un adversario único.
A comienzos de 2007, las grandes manifestaciones populares hostiles al régimen y a los «depredadores de la economía nacional» fueron violentamente reprimidas y al menos 186 personas murieron.
En noviembre de 2008, al menos cuatro personas murieron, según Human Rights Watch, en los suburbios de Conakry, en medio de manifestaciones frente a las cuales las fuerzas de seguridad disparaban balas reales.
Lansana Conté deja una Guinea en crisis, rica en minerales pero empobrecida por la corrupción y clasificada en el puesto 160, en un total de 177, en la clasificación del desarrollo humano de las Naciones Unidas.