Se ha anunciado oficialmente que se tiene contemplada para un futuro más o menos inmediato la construcción de varios hospitales nacionales.
Es una información que puede ser considerada alentadora, pero habrá que hacer algunas reflexiones al respecto.
En primer lugar, cabe decir que si se hiciesen periódicamente campañas para prevenir los azotes contra la salud que sufre la población, sobre todo la pobrería, no habría tanta necesidad de hacer nuevos hospitales.
Algunos de esos edificios tan costosos muchas veces dan la impresión de ser meros «elefantes blancos».
En otros países merece primerísima prioridad, entre otras situaciones que afectan a la sociedad, la prevención de las enfermedades. En cambio aquí, en nuestra Guatemala abrumada de serios problemas, lo «curativo» es lo que más cuenta, y eso, conste, es bien relativo porque los servicios médico-hospitalarios no son oportunos muchas veces ni eficientes. ¡Dejan mucho, pero mucho qué desear!
Nadie ignora que la obra material se ha prestado, en diferentes administraciones, a la corrupción, pues las sucias componendas que campean entre funcionarios públicos y las empresas constructoras, como comenta el «qualunque» -léase el hombre de la calle– provocan tamañas garfadas, como de felinos hambrientos. Los individuos proclives a las deshonestidades son dados al enriquecimiento fácil; de la noche a la mañana, como quien dice.
Recalcamos: es preferible prevenir el flagelo de las enfermedades que estar gastando muchas millonadas provenientes de los impuestos para curar ¿…? a los millares y millares de pacientes que virtualmente inundan los antros del dolor humano.
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Hay hospitales y otros centros de salud en todos o en casi todos los departamentos de la República, incluso los hay de carácter regional. ¡Bastan y sobran esos establecimientos que por lo regular carecen de todo cuanto se requiere para atender como Dios manda a los que sufren, principiando por el tratamiento de los médicos, las medicinas y las camas.
Conocemos especialmente el caso del Hospital Roosevelt. ¡Es un caso que llora sangre! Las víctimas de la violencia que ha puesto en jaque, hasta rayar en la impotencia, a la autoridad constituida, amén de las enfermedades endémicas de nuestro país, ya no caben en ese establecimiento tan problemático, tan descuidado en lo que hace a servicios.
Recientemente visitamos en una Sala de Cirugía del citado antro de infortunio humano a una persona que fue asaltada en una de las arterias capitalinas de intenso trajín, quien sufrió varios impactos de bala. Había pasado a duras penas como dos o más días acostado en una de las camillas de la Sala de Emergencia y, si no se acude a un matasanos que comparte la responsabilidad del hospital (el Roosevelt), hubiese corrido el riesgo fatal de morir sin los cuidados que requería su estado de salud. Había sangrado demasiado, y los proyectiles disparados por los facinerosos le dañaron varias partes corpóreas. ¡Estaba muy delicada la persona herida por las balas asesinas!
En la sala donde el paciente se hallaba postrado, sin ser atendido por médico alguno, ni por algún miembro del personal de enfermería, aquél (el paciente) se quejaba de severo dolor a causa de las múltiples heridas que le ocasionaron desde unas motos y otro vehículo los bandoleros de asalto, y uno de los matasanos dijo que lo operarían varias semanas después? ¡Se habría muerto irremediablemente en cualquier momento y? ¡santos en «pax»! (Una de sus piernas, en la que recibió uno de los peores impactos, se le hubiera gangrenado para luego cercenársela).
Las malas prácticas de los «quirurgos» se cometen con frecuencia y suelen quedar impunes. Y es que, como se dice en el caló popular, las cosas se arreglan entre coyotes de la misma loma y, dicho de otro modo, ¡chucho no come chucho!…
En conclusión: los hospitales que el régimen de la UNE piensa construir, vendrían a ser otros paquidermos echados?
Se necesita más prevención que lo curativo ¿?? en la red hospitalaria, o bien en forma simultánea las dos actividades dentro de la gorda obligación estatal; pero, desde luego, siempre es mejor prevenir que lamentar o «curar» en el caso de referencia.
Con buen criterio, un espadazo de Espada no vendría mal?