Como este es mi último artículo previo a los días del natalicio de Jesús no quiero desaprovechar la oportunidad para desearle una muy Feliz Navidad a usted y a los que ama. Estos son días especiales y, aun con lo aguafiestas que soy en ocasiones, no quiero dejar un desagradable sinsabor poniéndome serio y solemne en el análisis del mundo actual o catastrófico al hablar del país.
Más bien le deseo, con sinceridad, que aproveche estos días para descansar, disfrutar con su familia o seres queridos y relajarse lo más que pueda. El consejo es terapéutico porque quizá de esto dependerá el que inicie con brío el próximo año. Además, si lo piensa bien, se lo merece. No tiene nada que ver con el esfuerzo que hizo a lo largo del año, sus sacrificios, su entrega y el derroche de energía entregada en cada empresa acometida, sino más bien por amor propio, porque usted como persona se merece unos días sabáticos.
Mírelo desde este ángulo, la vida es de por sí demasiado dura, cruel e infeliz como para que usted se castigue más llevando trabajo a su casa o se la complique obligándose a sí mismo a leer o a ponerse al día con la contabilidad del año. Déjese amar en estas fechas, ámese a sí mismo y duerma mucho, pasee bastante y haga sólo lo que disfrute. Lo demás es vivir en clave mortificatoria y eso no le hará bien.
Debe pensar que si algo humano tiene recordar el nacimiento de Jesús es la ocasión para encontrar la armonía. Es decir, que valga la pena la fiesta cristiana, no la echemos en saco roto, este es el tiempo propicio para recobrar energías físicas, espirituales y todas las que se perdieron por el trajín ingrato de los días laborales. Oblíguese a no pensar en el trabajo, olvídese del infeliz de la maquila, de la novia exigente y ábrase a pensamientos buenos que lo pongan en una situación inevitable para ser feliz.
Estos días tienen que ser diferentes. No haga de la Navidad otra semana más porque eso desdice de su capacidad de genio para distinguir la paja del trigo. Al bruto se le reconoce por su incapacidad de comprensión, no entiende, es menso, todo le parece igual, es daltónico. Por eso llora y sufre cuando el mundo se le revela y hasta entonces se entera de la tonelada de oportunidades perdidas. Llora y sufre porque sabe que las ocasiones las dejó pasar por tarado, porque no supo ver lo que todos miraban con claridad meridiana.
No es su caso, obviamente, porque sé que usted es un lector talentoso. Me parece evidente que usted tomará estos días bajo el signo del Don y dará gracias hasta a San Simón por ese par de días o semana que tiene para ver el cielo y disfrutar la luna y las estrellas. Usted sabe que uno puede fracasar en el trabajo, en el negocio y a veces hasta en la familia, pero jamás consigo mismo. Ser feliz es un imperativo y un negocio que no se puede perder absolutamente.
Le deseo lo mejor y las bendiciones del cielo. Ojalá, lo quiero de verdad, las cosas mejoren un cien por ciento para usted y los que ama. Pásela bien.