DESDE LA REDACCIí“N
La creciente inseguridad que azota a la sociedad guatemalteca motivó que los inquilinos de un mercado callejero en la periferia suroeste de la capital de Guatemala, se unieran para contratar agentes privados de seguridad, al menos durante diciembre.

«Hay mucha delincuencia y queremos que nuestros clientes estén seguros, que tengan la confianza de que no los van a asaltar», aseguró Marta Julia de Guarcas, vicepresidenta del Comité de Inquilinos del Mercado El Guarda.
A un costo de 394,7 dólares por cada uno de los siete agentes (2.762,9 dólares en total), entre ellas dos mujeres, los guardias brindan seguridad a unos 300 vendedores a lo largo de tres cuadras y los comerciantes y compradores caminan sin temor.
«En este mes no hemos tenido descanso. Estamos desde el 1 de diciembre. Venimos a las ocho de la mañana o antes y a veces nos vamos hasta las siete de la noche», explicó Ana Beltetón, una de las dos agentes que conforman el grupo de siete policías particulares que recorren los diferentes puestos.
«Nos encargamos de que compradores y vendedores estén tranquilos», agrega Beltetón y recuerda que desde el 1 de diciembre han capturado a tres personas; una mujer por robo, así como un hombre y una mujer que, en hechos diferentes, intentaban engañar a los vendedores con billetes falsificados.
Tampoco permiten el paso de vendedores ambulantes que, mercadería al hombro, recorren todo el mercado, pues no cuentan con puesto fijo, aunque esto se mantendrá sólo en diciembre porque es cuando hay más afluencia de personas.
Al igual que los inquilinos de este sector (el 16), de los 21 con que cuenta dicho mercado, otros seis también se organizaron para pagar por el servicio de seguridad, ya que, según varios vendedores, la Policía Nacional Civil de Guatemala no se da abasto para cuidarlos.
«Aquí no se meten las pandillas y el resto del año, cuando descubrimos que alguien anda robando, nos reunimos con otros inquilinos, lo atrapamos y lo entregamos a la policía», sostiene de Guarcas.
Según la inquilina del mercado, la seguridad privada no es permanente, pues no todos los vendedores contribuyen para pagar el servicio.
Entre el grupo de policías, vestido con uniforme verde y su arma en la cintura, figura Antwan Tobar, de 18 años, hijo del dueño de Marsa, la empresa de seguridad privada que presta el servicio a los comerciantes.
«Es la primera vez que salgo a la calle, porque durante las vacaciones siempre apoyo a mi papá (Marco Antonio Tobar), pero anteriormente lo hacía sólo en el área administrativa», explicó.
En medio del trajín diario, cientos de guatemaltecos recorrían los diferentes puestos en busca de verduras, carnes, frutas, ropa, zapatos y juguetes, entre otras cosas, preparándose para las fiestas de fin de año.
POR RODOLFO ZELADA
GUATEMALA / Agencia AFP