Rusia desafió a Occidente en el exterior y enfrentó la crisis en casa


Un barco de la Marina Rusa arriba a La Habana, Cuba. Desde la Guerra Frí­a, un naví­o ruso no habí­a embarcado en la isla caribeña. FOTO LA HORA: AFP

Rusia exhibió su fuerza en 2008 en el exterior mientras sus relaciones con Occidente caí­an al nivel más bajo de la post Guerra Frí­a y también enfrentó una ralentización de su crecimiento económico que amenaza su recién estrenada prosperidad.


Grigol Vashadze (C), primer ministro de Georgia, debió enfrentar al poderoso Ejército ruso tras el conflicto en el Cáucaso. FOTO LA HORA: AFP Vano Shlamov.Dimitri Medvedev (D), presidente ruso, se acercó al bloque suramericano que ha marcado distancias con Estados Unidos, como con Daniel Ortega, mandatario nicaragí¼ense. FOTO LA HORA: AFP ALEXANDER NATRUSKIN.

Vladimir Putin, el hombre que supervisó el resurgimiento de una diplomacia rusa segura de sí­ misma y el fuerte crecimiento económico de los últimos ocho años, cedió la presidencia a alguien de su elección, Dimitri Medvedev, aunque parece seguir al mando.

Los crí­ticos denunciaron que Rusia se dirige nuevamente hacia un sistema de partido único, paradójicamente con los comunistas como única oposición al Kremlin en el parlamento.

La guerra con Georgia en agosto por el control de la región de Osetia del Sur se tradujo en una serie de intercambios verbales con Occidente como no se veí­an desde los dí­as de la antigua Unión Soviética.

Mientras Medvedev insistí­a en que Rusia no será nunca un observador pasivo en el Cáucaso, Estados Unidos replicaba que Moscú corre el riesgo de perder credibilidad como socio internacional.

«Por primera vez desde la caí­da de la URSS, Rusia usó sus fuerzas armadas fuera de sus fronteras. Occidente no supo qué responder, porque no pudo ni prever ni prevenir esta guerra», dijo Maria Lipman, de la institución de análisis Carnegie Centre de Moscú.

Ignorando a la comunidad internacional, Medvedev se plantó ante las cámaras de televisión para reconocer la independencia de Osetia del Sur y de otra región georgiana separatista y prorrusa, Abjasia.

«Por primera vez, Rusia obró sin tener en cuenta las reacciones internacionales», estimó Fyodor Lukyanov, director de la revista Russia in Global Politics (Rusia en la polí­tica mundial).

La tensión aumentó cuando el presidente estadounidense George W. Bush se negó a abandonar sus planes de instalar un sistema antimisiles en Polonia y la República Checa.

Medvedev, demostrando que podí­a actuar con dureza como su mentor Putin, respondió con el anuncio de que Rusia instalará misiles Iskander en el enclave ruso de Kaliningrado, a orillas del Báltico, entre Lituania y Polonia, para contrarrestar la amenaza.

«Nuestras relaciones no atraviesan su mejor momento. Conocieron tiempos mejores», admitió Medvedev en diciembre.

En respuesta a las actividades de la flota estadounidense en el Mar Negro llevando ayuda a Georgia, la armada rusa se paseó por el Caribe, yendo de Venezuela, al canal de Panamá, a Nicaragua y a Cuba.

Medvedev asumió su cargo en mayo, al imponerse en unas elecciones en las que sólo él se podí­a imponer.

La mayor sorpresa fue la reconversión de Putin en un poderoso primer ministro con una actitud francamente presidencial.

«Putin no se va, lo hemos entendido», dijo Lukyanov. «Su máximo objetivo es que todo siga bajo su control».

La creciente seguridad en sí­ misma de la diplomacia rusa se vio acompañada por el resurgimiento deportivo: campeones del mundo de hockey sobre hielo y semifinalistas de la Copa de Europa de selecciones de fútbol.

Para completar el panorama, se impuso en Eurovisión, el concurso de canciones.

Pero el paí­s no ha logrado escapar a la crisis mundial.

En 2007 creció 8,1% y en 2006 un 7,4%. En 2008 espera registrar un crecimiento de 3%.

Las bolsas rusas, otrora florecientes negocios, han visto esfumarse mil millones de dólares entre mayo y noviembre, según el Banco Mundial.

La crisis, pronosticó Lipman, puede provocar una revisión de «las ideas sobre las posibilidades ilimitadas de Rusia, que ahora ya no parecen tan sólidas».

Con la prosperidad y el resurgimiento de las fuerzas nacionalistas en Rusia, los grupos de derechos humanos vieron con inquietud como aumentaban los crí­menes racistas contra los inmigrantes.

Según la Oficina de Derechos Humanos de Rusia, 113 personas murieron y 340 resultaron heridas en las 254 agresiones racistas registradas en Rusia de enero a octubre de 2008.