Primer ministro belga sobrevive a escándalo de «Fortisgate», pero debilitado.
El primer ministro belga Yves Leterme parecía haber sobrevivido hoy a una renuncia motivada por la causa judicial del polémico rescate del banco belgo-holandés Fortis, aunque su futuro político depende a partir de ahora de la evolución del «Fortisgate».
«Fuera de la ley», «Caos total», «Ridículo»: las portadas de los diarios belgas del viernes reflejaban la confusión que reina en Bélgica ante la situación provocada por el desmantelamiento del banco Fortis y las sospechas sobre la actuación del gobierno y de la justicia.
Primer banco privado de Bélgica, orgullo nacional y símbolo de solidez durante mucho tiempo, Fortis fue uno de los primeros establecimientos de Europa en sufrir de lleno la crisis financiera mundial, lo que motivó que el gobierno belga lanzase en octubre un plan de rescate de urgencia.
Saludado en su momento por evitar la quiebra de Fortis y el colapso del sistema financiera belga, el primer ministro demócrata-cristiano flamenco Leterme, de 48 años, pasó sin embargo de héroe a villano en los últimos días.
Primero, la justicia belga aceptó el viernes pasado una demanda de los accionistas minoritarios de Fortis y declaró que todas las decisiones tomadas sobre el holding para hacer frente a la crisis financiera deberían ser aprobadas por éstos y no impuestas por el gobierno.
Si el fallo debilitó la posición del gobierno, que asumió en marzo en medio de una crisis política que ya lleva un año y medio, lo peor llegó ayer, cuando Leterme fue acusado por el Tribunal de Casación, la más alta jurisdicción del país, de haber presionado a la justicia por el caso Fortis.
«Se ha hecho todo lo posible para que el fallo de la sala 18ª del Tribunal de Apelaciones no fuese pronunciado», escribió el presidente del más alto tribunal belga, Ghislain Londers, en una carta enviada al titular de la Cámara de Diputados, Herman Van Rompuy.
El propio Leterme había admitido el miércoles la existencia de «contactos» entre sus servicios y un representante de la fiscalía y el marido de una juez a cargo del caso de Fortis.
Pero si para muchos la suerte de Leterme parecía sellada y se encaminaba a una renuncia, nuevos elementos surgidos el jueves por la noche volcaron las sospechas sobre un magistrado, sin desmentir de todos modos las denuncias de presiones.
Según un informe del fiscal general de la Corte de Apelaciones de Bruselas, a cargo del caso, se registraron irregularidades en la decisión anunciada el 12 de diciembre por esta jurisdicción.
El juez de ese tribunal habría emitido el fallo pasando por encima ciertas reglas de procedimiento, como por ejemplo el no respeto de las demandas de reapertura de los debates presentadas por algunos abogados.
Pero más que este informe, es la misma complejidad de la crisis política que forzó a Leterme a presentar su renuncia -no aceptada- en julio pasado por no poder impulsar una reforma del Estado que parece haberle permitido la supervivencia.
En un país dividido entre Flandes (norte) de un lado y Bruselas y Valonia (sur) del otro, la mayoría de los responsables políticos flamencos y francófonos temen una elección anticipada antes de los comicios regionales de junio de 2009.
A esto se suma el hecho de que no hay muchos candidatos a suceder a Leterme a la cabeza del partido demócrata-cristiano flamenco, ganador de las legislativas de junio de 2007 y por lo tanto a cargo de liderar la coalición al frente del gobierno federal.