El argumento de que con la fijación de nuevos salarios mínimos se perderán fuentes de trabajo es el disco rayado que siempre le tocan al gobierno cuando se refieren a este tema.
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Este año en Estados Unidos el salario mínimo federal fue reajustado, a partir del 2009 a US $7.25 la hora; es decir, a más de Q55.00 por hora. Si nuestro principal mercado de exportación es ese país, no puede decirse que perderemos competitividad en nuestras exportaciones tradicionales y no tradicionales al actualizar nuestros salarios mínimos porque el porcentaje de aumento en ese país es de más del 40%. Por consiguiente, si en Guatemala se aumenta el salario mínimo hasta un 40% quedaríamos con una diferencia proporcional igual a la que ha regido.
En síntesis, si la inflación acumulada de los años del gobierno de Berger y del año transcurrido del actual gobierno, es de 50% en relación al salario mínimo, el presidente ílvaro Colom y su Gabinete tendrán que decretar por lo menos un 30% de reajuste del salario a partir del 1 de enero.
Por aparte, el Congreso de la República, ya sea mediante la iniciativa del Ejecutivo o de sus diputados, debe actualizar la bonificación salarial que devengan los trabajadores del sector público y del sector privado. El Gobierno del que fui parte encontró esa prestación totalmente desactualizada, con un valor de Q50.00 y de común acuerdo Ejecutivo-Legislativo, la misma fue actualizada a Q250.00. Hoy con los mismos argumentos de pérdida de poder adquisitivo de los asalariados, más que de cualquier otro sector económico, esa prestación debería nuevamente actualizarse a como mínimo Q500.00, mejora que le significaría a todos los asalariados una pequeña actualización de ingresos.
El aumento de los ingresos de los trabajadores es un estímulo al consumo de bienes y servicios, es más importante que los programas de Cohesión Social. Es más, le permite a cada trabajador ser el que disponga de la asignación de sus salarios y prestaciones en diferente prioridad. Es el hecho que le permite poder comprar su propio pescado, un poquito más gordo, un poquito menos raquítico, porque desde el gerente hasta el conserje ven aumentar sus ingresos al generalizar la actualización de la bonificación salarial que por supuesto también se encuentra ya desactualizada conforme al costo de vida.
El pequeño, el mediano empresario y hasta el grande se verían inmediatamente beneficiados con los aumentos y actualizaciones a los salarios mínimos, a la bonificación salarial, pues sin duda alguna que el ciento por ciento de ese mejor ingreso para los trabajadores y sus familias no puede ser ahorrado sino se convierte en el aumento de las compras en los alimentos, en los servicios, en el vestuario, etc.
La principal causa de delincuencia, de inmigración y hasta de la prostitución es la necesidad material que tienen todos los chapines. Un gobierno con espíritu social no puede, ni debe dudar que su obligación es impartir ecuánimemente las medidas de redistribución del ingreso porque si bien hay empresarios que saben responder a su obligación social, también hay otros que prefieren comprarse un nuevo yate, cambiar su helicóptero o sus automóviles considerando que ellos están primero que sus propios trabajadores. Dan darán, dicen las campanas.