La coca avanza incontenible


Un soldado colombiano apila varios paquetes de cocaí­na, luego del decomiso de 3.5 toneladas en Mutata, municipio de Uraba. Sudamérica sufre por la proliferación del narcotráfico. FOTO LA HORA: AFP RAíšL ARBOLEDA

La coca «nos está llegando a las narices; hay demasiada coca», se queja una vecina de estos valles de La Paz ante la proliferación de nuevas plantaciones de la hoja -insumo de la cocaí­na-, que han desplazado a cultivos tradicionales, como el café y cí­tricos.


Tal es la multiplicación de los cocales que el presidente Evo Morales, lí­der de los cocaleros de la región central del Chapare, llamó en abril en Sud Yungas, en cuya jurisdicción está Huancapampa, a «pensar seriamente en la racionalización de los cultivos de coca».

Doña Esperanza, que prefiere sumergirse en el anonimato por temor a represalias, señala al reportero las colinas aledañas a la carretera principal que lleva a Huancapampa en las cuales es evidente la reproducción descontrolada de plantaciones de coca.

La situación de Huancapampa es la misma a lo largo y ancho de Sud Yungas. El viceministro de Defensa Social, Felipe Cáceres, reconoció a mediados de año que en los Yungas (norte y sur) existen cerca de 18.500 hectáreas de coca, 6.500 más de las 12 mil legalmente permitidas en esa región.

Un exportador de café, que tampoco quiere identificarse, le dice al periodista que «cuando uno viaja -por tierra, la única forma de llegar a este valle subtropical- observa como los cerros están plagados de cocales. Si pudieran sembrar en la carretera lo harí­an».

A unos pocos metros de la ruta de tierra apisonada que une La Paz con Chulumani, capital de la provincia Sud Yungas, los sembradí­os de cocales nuevos se yerguen orondos como celebrando su supremací­a sobre las plantaciones de café o los árboles de naranja, lima, mandarina, manga o banana, que antes daban el panorama tradicional a esta zona, a unos 120 km de la sede de Gobierno.

De la mano con la modernidad, los cocaleros ya ni siquiera riegan a mano las escalinatas que forman sus cocales: ahora un campesino ubicado Dios sabe dónde riega por aspersión los cultivos con mangueras diseminadas por las plantaciones que asemejan telarañas.

Los agricultores «encuentran un ojo de agua y de ella salen hasta cien magueras hacia los cocales», explica el productor de café.

Los campesinos prefieren sembrar coca -que se cosecha tres veces por año sin mayor esfuerzo- en remplazo del cafeto que da fruto una sola vez, y cuyo precio es menor que el de un «taque» de coca, medida agraria equivalente a 50 libras.

Con la fruta no hay punto de comparación -hace notar el exportador de café, oriundo de esa zona. «Por eso -dice- en casi todas las poblaciones de Sud Yungas ya no existen cí­tricos que antes abundaban y que ahora llegan desde Caranavi y de Alto Beni, más al norte».

La expansión de las plantaciones de coca provocará a la larga que «la tierra se debilite y se inutilice en los próximos 15 años y, hay que pensar, que una baja en los precios (de la hoja) los dejarí­a en la miseria porque no podrí­an usarla con ningún producto alternativo», apuntó el exportador.

La legislación antidroga boliviana autoriza 12.000 hectáreas de plantaciones de coca legal en la zona de los Yungas pero de acuerdo con esas apreciaciones los cultivos han proliferado en los últimos tiempos con destino a la elaboración de cocaí­na.

Bolivia es el tercer productor mundial del narcótico, después de Colombia y Perú, y posee -según la ONU- unas 28.000 hectáreas de coca, de las que sólo 12.000 son consideradas legales para usos tradicionales andinos, como masticación e infusión.

Según datos oficiales, la policí­a antidrogas boliviana se incautó hasta noviembre de 2008 de más de 5 millones de libras de hoja de coca destinadas a la elaboración de cocaí­na y decomisó 28 toneladas de esta droga.