Cincuenta años de lucha y victoria


Mi solidaridad con el periodista y columnista Gustavo Berganza ante los ataques de los canales de televisión abierta.

La primera vez que visité Cuba lo hice de la mano del poeta nicaragí¼ense Ernesto Cardenal, através de su libro «En Cuba», quien habí­a sido invitado por la dirección de la Casa de las Américas para que integrara un jurado de un concurso de poesí­a. En épocas tan distintas, para Cardenal y para mí­, fue el primer viaje a la isla; la Revolución se encontraba en su primera década, el Che recién habí­a sido asesinado en Bolivia y Haydée Santamarí­a todaví­a no decidí­a quitarse la vida.

Ricardo Marroquí­n
rmarroquin@lahora.com.gt

Nos sorprendieron los cambios que se daban en la isla gracias al proceso revolucionario socialista. Por primera vez en la historia de América Latina, un pueblo habí­a demostrado el coraje suficiente para resistir una invasión militar y un bloqueo económico ideados para sofocar el intento de dignificar a todos los seres humanos por igual. La campaña de alfabetización ya habí­a dado los resultados esperados y la construcción de una sociedad en donde se garantizara el desarrollo integral de las personas se realizaba a pasos agigantados.

Caminamos por El Malecón, visitamos las bibliotecas en los barcos pesqueros y los laboratorios tecnológicos en varias universidades, fuimos testigos de los programas educativos en la Isla de la Juventud, escuchamos los poemas de un obrero y finalmente tuvimos una conversación con Fidel en un auto que recorrió las principales calles de La Habana.

En 379 páginas conocí­ la posibilidad de otra forma de sociedad. El libro «En Cuba», de Cardenal, bastó para despertarme la curiosidad por estudiar el «socialismo». Entonces, creí­a más en los rezos que en la unidad y lucha de contrarios como motivador del cambio social. Los últimos 50 años de trabajo del pueblo cubano son una evidencia concreta que la transformación del sistema económico y social está en las manos de hombres y mujeres conscientes que la pobreza y la desigualdad no son fenómenos irreversibles.

Invitado por el Instituto Internacional de Periodismo «José Martí­», tuve la oportunidad de visitar Cuba nuevamente. No deja de sorprender la calidad de vida de la población. El acceso a los derechos fundamentales como la educación, salud, alimentación y vivienda, no son un cuento ni un privilegio para pocos. Por supuesto que existen errores dentro de la Revolución, precisamente porque cada dí­a se gana y se construye.

Cuba ha extendido sus brazos a todo el mundo, y comparte con otros paí­ses hermanos los logros de su proceso revolucionario, no sólo a través de brigadas médicas, becas estudiantiles y técnicos deportivos, sino a través de un verdadero ejemplo de compromiso y lucha por la construcción de la nueva sociedad. Un abrazo entonces al pueblo cubano en estas cinco décadas de lucha y victoria.