Mi solidaridad con el periodista y columnista Gustavo Berganza ante los ataques de los canales de televisión abierta.
La primera vez que visité Cuba lo hice de la mano del poeta nicaragí¼ense Ernesto Cardenal, através de su libro «En Cuba», quien había sido invitado por la dirección de la Casa de las Américas para que integrara un jurado de un concurso de poesía. En épocas tan distintas, para Cardenal y para mí, fue el primer viaje a la isla; la Revolución se encontraba en su primera década, el Che recién había sido asesinado en Bolivia y Haydée Santamaría todavía no decidía quitarse la vida.
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Nos sorprendieron los cambios que se daban en la isla gracias al proceso revolucionario socialista. Por primera vez en la historia de América Latina, un pueblo había demostrado el coraje suficiente para resistir una invasión militar y un bloqueo económico ideados para sofocar el intento de dignificar a todos los seres humanos por igual. La campaña de alfabetización ya había dado los resultados esperados y la construcción de una sociedad en donde se garantizara el desarrollo integral de las personas se realizaba a pasos agigantados.
Caminamos por El Malecón, visitamos las bibliotecas en los barcos pesqueros y los laboratorios tecnológicos en varias universidades, fuimos testigos de los programas educativos en la Isla de la Juventud, escuchamos los poemas de un obrero y finalmente tuvimos una conversación con Fidel en un auto que recorrió las principales calles de La Habana.
En 379 páginas conocí la posibilidad de otra forma de sociedad. El libro «En Cuba», de Cardenal, bastó para despertarme la curiosidad por estudiar el «socialismo». Entonces, creía más en los rezos que en la unidad y lucha de contrarios como motivador del cambio social. Los últimos 50 años de trabajo del pueblo cubano son una evidencia concreta que la transformación del sistema económico y social está en las manos de hombres y mujeres conscientes que la pobreza y la desigualdad no son fenómenos irreversibles.
Invitado por el Instituto Internacional de Periodismo «José Martí», tuve la oportunidad de visitar Cuba nuevamente. No deja de sorprender la calidad de vida de la población. El acceso a los derechos fundamentales como la educación, salud, alimentación y vivienda, no son un cuento ni un privilegio para pocos. Por supuesto que existen errores dentro de la Revolución, precisamente porque cada día se gana y se construye.
Cuba ha extendido sus brazos a todo el mundo, y comparte con otros países hermanos los logros de su proceso revolucionario, no sólo a través de brigadas médicas, becas estudiantiles y técnicos deportivos, sino a través de un verdadero ejemplo de compromiso y lucha por la construcción de la nueva sociedad. Un abrazo entonces al pueblo cubano en estas cinco décadas de lucha y victoria.