En Guatemala vemos muertos acarrear basura. Aquí, ni García Márquez podría describir en una novela trágica la triste y desalmada historia de lo cándidos que somos y de cómo hay otros que dulcemente se aprovechan de la ingenuidad chapina y del olvido eterno para cometer fechorías a diestra y siniestra y luego hacerse los locos.
Afortunadamente en este país del contagio de los malos hábitos y de la locura irritante de algunos que repiten como loros las frases desgastadas del pasado y los valores los convierten en antivalores y la honradez en solo un rasgo más del olvido.
Y lo que es peor es que muchas veces nos pasa, al menos a mí, que confiamos ciegamente en personas y/o instituciones y después nos decepcionamos porque lo que creíamos que eran, jamás lo fueron y se volvieron ladrones, otros asesinos, otros drogadictos, otros pandilleros… y así la vamos pasando, entre el lodo y el estiércol.
Digo esto, porque la impunidad que algunos esperan termine algún día, sin darse cuenta de que esa impunidad ya nos ahogó con la complicidad indudable de funcionarios y un sistema de justicia corrupto e inútil en donde sus miembros siempre son las gallinas que están arriba para ensuciar a las de abajo, sigue tan campante como el gí¼isqui aquel.
En estos últimos meses ex funcionarios que fueron condenados por peculado (hueveo aprovechándose del cargo), lavado de dinero (limpiar el pisto que se robaron con la complicidad de bancos y/o empresa o partidos políticos, como la UNE en el caso del ex contralor Dubón Palma) cohecho (recibir mordidas de empresas o empresarios) y tantos otros más, han salido libres por «buena conducta» en la cárcel, aplicando rapidísimamente la ley de redención de penas por el trabajo, en tanto otros, como uno a quien acusaban del robo de Q 60 y las mismas víctimas lo exculparon lleva más de un año en prisión, o mareros con pinta de sicarios que salen libres por falta de mérito u otros a quienes «el conocimiento público» los señala como «ladronazos» y no pasan ni un minuto en prisión porque les aplican medidas cautelares en tanto el que portaba un arma sin licencia acaba de ser asesinado en el preventivo después pasarse un año en prisión…
Así es la justicia y así son los jueces que incluso, no en uno, sino en varios casos han sido acusados de la comisión de delitos pero ¡bendito Dios!, existe la Ley de la Carrera Judicial que es una manta en donde se tapan todos incluyendo a los magistrados de la Corte, por lo que de hecho gozan de un «fuero especial» que según nuestra Constitución están prohibidos.
Aquí pues, se premia al ladrón y se castiga al honrado de dos maneras: legalmente, trabándole impuestos adicionales, encareciéndole las cosas o ilegalmente, asaltándolo o matándolo por no pagar una extorsión o por robarle un celular. Repito una vez más: estamos jodidos, aunque sin embargo debemos estar contentos porque Colom ya llegó a su periplo número 20 por países de al menos tres continentes en donde ha asistido a «importantísimas reuniones», donde se han firmado múltiples declaraciones que aparentemente nos traerán paz, seguridad, dinero, alimentos y tantas otras cosas más, dignas del mejor montaje de solidaridad y de cohesión (según el DRAE en su primera acepción: «acción y efecto de reunirse o adherirse las cosas entre sí o la materia de que están formadas»). Entonces, digo yo ¿qué es la cohesión social?
Pero volviendo al tema, ya no debemos de tener preocupación alguna, pues cualquiera que sea adicto al hueveo si tiene la mala suerte de que lo capturen y lo metan al bote saldrá libre por «buena conducta» y si no lo meten al bote (que es lo más seguro), tendrá a la mano cualquier ingrata medida cautelar como firmar un libro cada cierto tiempo, arresto domiciliario por unos días para que descanse o en último caso pedirle pública y privadamente un poco del pistío que se robó. ¿Estamos?… como dice aquel.
HASTA EL Aí‘O PRí“XIMO. Como esta columna sale los jueves, y el 25 de diciembre y el 1 de enero caen ese día nos veremos el año próximo, si es que no ocurre otra cosa.