Protesta indí­gena terminó en balacera


El esposo de lí­der de protesta indí­gena murió baleado por Ejército colombiano.


El esposo de una indí­gena que lideró las marchas de protesta de miles de aborí­genes colombianos entre octubre y noviembre murió este martes baleado por el Ejército, que atribuyó el hecho a un error y negó que haya sido un atentado.

Edwin Legarda, esposo de Aí­da Quilqué, máxima autoridad del Consejo Regional Indí­gena del Cauca (CRIC), fue tiroteado cuando se desplazaba en un vehí­culo por el municipio de Totoró (suroeste) y, según la versión oficial, no atendió una orden de pare en un retén del Ejército.

El Ministerio de Defensa «lamentó» la muerte y afirmó que no hay «suficiente claridad sobre cómo ocurrieron los hechos», en un comunicado de prensa, en el que también informó que pidió a la oficina en Colombia de la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos investigar el caso.

Legarda de 28 años, alcanzó a ser llevado con vida por otros nativos a un hospital a la ciudad de Popayán (650 km al suroeste de Bogotá), pero falleció mientras era intervenido, dijo a la AFP Giovanni Quilqué, hermano de la dirigente.

El hombre, que trabajaba en los preparativos de una asamblea del CRIC este martes en Totoró, recibió tres impactos de fusil, agregó la fuente.

Previamente, cuando su esposo aún era intervenido, Quilqué aseguró que fue un «atentado» en su contra -si bien no estaba con él- y lo atribuyó al Ejército.

«Está confirmado que es el Ejército Nacional», declaró a radio Caracol.

Pero el general Justo Eliseo Peña, jefe de la III División militar, señaló que Legarda, quien conducí­a el automotor, fue baleado al no acatar la orden de sus hombres.

«A las cuatro de la mañana pasaba un vehí­culo por ese sector y lo que me informan el comandante y los soldados que están allá es que hicieron un alto, el vehí­culo no paró y los soldados dispararon», aseguró el oficial.

«Se confundieron y desafortunadamente dispararon», agregó, subrayando que no hubo «ningún atentado» y que lamentaba el incidente.

Quilqué lideró la protesta de unos 30.000 indí­genas del departamento de Cauca, que incluyó una marcha a Bogotá, para exigir el cumplimiento de acuerdos sobre entrega de tierras (en reparación por una masacre) y respeto a sus derechos.

En las dos primeras semanas de la «minga» (movimiento de resistencia) hubo disturbios que dejaron tres aborí­genes muertos y dos centenares de heridos entre nativos y policí­as.

También en el marco de la movilización, el Ejército denunció que un atentado atribuido a la guerrilla de las FARC, en el que murieron dos militares el 10 de noviembre, fue cometido desde una reserva indí­gena de Cauca, por lo que pensaba suspender la entrega de tierras a los aborí­genes que entonces marchaban hacia la capital.

Quilqué habí­a regresado a Colombia el lunes, tras asistir en Ginebra al examen de la situación de las garantí­as fundamentales en su paí­s por parte del Consejo de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

La muerte de Legarda caldeó los ánimos entre los nativos concentrados en Totoró para la asamblea del CRIC.

Unos 200 miembros de la guardia civil de la asociación rodearon a cerca de 40 militares en el retén donde ocurrió el hecho para detenerlos, según dijeron.

«Tenemos rodeado al Ejército, no nos vamos a mover», dijo telefónicamente a la AFP Albeiro Calambaz, miembro del CRIC, señalando que fue un ataque «premeditado» y que el auto «tiene 17 impactos», incluso en el parabrisas.

«Estamos moviendo nuestra gente para capturar a los asesinos», indicó a su vez Luis Acosta, coordinador de la guardia indí­gena.