El presidente ultraconservador Mahmud Ahmadinejad enfrentó en 2008 un clima de rebelión contra su política en Irán, considerada como responsable de la degradación de la situación económica, lo que hizo pasar a un segundo plano la crisis sobre el tema nuclear.

Su mandato presidencial será puesto en juego en elecciones previstas para junio de 2009, lo que ha exacerbado las divisiones entre los conservadores.
Estos confirmaron su control del «majlis» (parlamento) en las elecciones legislativas de marzo 2008, pero bajo dos listas rivales, y quien asumió la dirección del parlamento es un adversario político del presidente, Ali Larijani.
Ante una protesta creciente contra los efectos inflacionarios de su política de gasto público, Ahmadinejad estrechó las filas de su equipo gubernamental.
En economía, destituyó en abril al ministro Davud Danesh-Jafari y obtuvo la renuncia en septiembre del presidente del Banco Central Tahmasb Mazaheri, dos defensores de un mayor rigor presupuestario.
La inflación, que se situaba en alrededor del 10% cuando llegó al poder en agosto 2005, alcanzaba casi 30% en el otoño (boreal) 2008.
Ahmedinejad también sacó en mayo al ministro del Interior, Mostafa Pur-Mohammadi. Este conservador explicó luego que el presidente «no soporta la crítica».
Pero el nuevo Parlamento le ha dificultado el reemplazo del ministro que deberá supervisar la elección presidencial.
Ali Kordan, confirmado por el majlis en agosto, tuvo que marcharse en octubre con una moción de desconfianza porque mintió sobre la obtención de un diploma que se comprobó era falso.
Su sucesor, Sadegh Mahsuli, fiel al presidente, fue confirmado por una mayoría de medio voto, lo que demuestra las tensiones que agitan al bloque conservador.
En el seno de este bloque y entre los potenciales rivales de Ahmadinejad se encuentra el alcalde de Teherán, Mohammad Bagher Qalibaf.
El único candidato presidencial declarado hasta ahora es el reformador Mehdi Karubi, mientras que el ex presidente Mohammad Khatami (reformador) mantiene el suspenso.
En posición de árbitro, el guía supremo, el ayatollah Ali Jamenei, expresó por adelantado su apoyo a los eventuales candidatos conservadores, pero al mismo tiempo urgió a Ahmadinejad a trabajar como si siguiera en el cargo cuatro años más.
La economía es el talón de Aquiles del presidente. En particular debido al derrumbe de los precios del petróleo de casi 150 dólares el barril en julio pasado a poco más de 40 en los últimos días. Las exportaciones petroleras brindan al Estado más de la mitad de sus ingresos.
Las críticas contra Ahmadinejad también se refieren a la virulencia de sus declaraciones en política exterior. Vaticinó la «desaparición» del Estado de Israel y multiplicó sus diatribas contra Estados Unidos.
Pero también felicitó al demócrata Barack Obama por su elección a la presidencia estadounidense, hecho sin precedentes desde la ruptura de relaciones diplomáticas entre los dos países en 1980.
La victoria de un candidato que se declara dispuesto a emprender un diálogo sin condiciones con Irán, lo que era rechazado por George W. Bush, es considerado de buen augurio para Teherán.
Pero Obama recordó que este diálogo mantiene como objetivo principal la suspensión por Irán de su controvertido programa nuclear, lo que Teherán rechaza. Esto motivó la adopción en 2008 por el Consejo de Seguridad de la ONU de dos nuevas resoluciones, una de las cuales aumenta las sanciones contra Teherán.
Paralelamente, Irán agrandó sus instalaciones de enriquecimiento de uranio, de casi 3.000 centrífugas a más de 5.000 este año.
Teherán mantuvo siempre que su programa nuclear tiene un objetivo exclusivamente civil. Pero sus progresos en la materia hicieron que los responsables de Israel, su enemigo jurado, no excluyan una opción militar para eliminarlo.