Tras un nuevo paradigma mundial


Estamos en presencia ya del choque paradigmático entre el pensamiento liberal, que exalta las bondades del mercado, que privilegia la libertad económica por encima de las libertades polí­ticas y sociales y por el otro lado los antiliberales que privilegian el desarrollo de la democracia por encima del libre mercado.

Lic. Carlos Escobedo

No deseo debatir sobre una o sobre la otra, mi intención es mas bien que comprendamos esta tarde que inexorablemente nos aproximamos al nacimiento de un nuevo modelo de desarrollo polí­tico y económico, que habrá de sentar los pilares de la edificación de un nuevo modelo democrático y que por sobre todo habrá de tener en cuenta un nuevo patrón de consumo.

El choque inevitable de las olas agitadas en la economí­a mundial están propiciando movimientos polí­ticos importantes; el movimiento estudiantil en Grecia trasciende el acto de manifestación solidaria por la muerte brutal de un joven de 15 años y sitúa a la madura generación griega frente al banquillo de los acusados. ¿Es acaso este un pretexto para demostrar el descontento de sociedades insatisfechas?, ¿Qué no se ha hecho bien?, ¿Qué se ha dejado de hacer?, ¿En qué se ha fallado? Las interrogantes son demasiadas, las respuestas a lo mejor escasas.

Desde una eminente visión occidental, el análisis de la realidad internacional que golpea a la economí­a habrá de circunscribirse al desarrollo de un nuevo modelo económico í­ntimamente vinculado a un nuevo modelo democrático y a la vez, ese modelo democrático pensado en el modelo económico, pero mucha atención al tema, no se puede cometer el mismo error del pasado, pretender aplicar doctrinas o recetas impuestas, hacerlo representarí­a circunscribir el fenómeno a un tema eminentemente econométrico dejando de lado el factor social y humano que hemos visto ha sido una de las grandes carencias de las polí­ticas de ajuste estructural de los últimos tiempos.

Por lo anterior, pienso que un nuevo modelo democrático debe partir desde la propia raí­z del modelo económico y repito, ese modelo económico debe saber interpretar al modelo democrático. No podrí­amos pensar en un modelo de desarrollo concebido como si fuera un molde para circunstancias tan distintas como la de Bolivia, por citar un ejemplo y la de Palestina, habrí­a que considerarse las variables sociales, étnicas, religiosas, polí­ticas, contextuales.

Lo que resulta cierto es que en ese choque inevitable de corrientes y pensamientos polí­ticos la dimensión justa del verdadero significado de la economí­a y la polí­tica debe prevalecer. ¿Hacia quien se enfoca el mercado y el accionar polí­tico?

¿Hacia el mercado y los empresarios? ¿Hacia la dirigencia polí­tica? La respuesta obvia es un rotundo no, hacia el individuo, el ciudadano, el padre de familia, el estudiante, la madre, ama de casa, la profesional, el niño. Un nuevo paradigma debe entender entonces que las «masas» tienen nombre y apellido, un nuevo paradigma debe comprenderse desde una óptica más humana, con mayor sentido, sin descuidar los elementos cientí­ficos, debe tener la capacidad de construir teorí­as y modelos de desarrollo pensando en el individuo por encima de cualquier cosa.

A mi entender la visión de un nuevo paradigma polí­tico, económico y social más humano debe evitar correr el riesgo de individualizar o sectorizar acciones, de lo que se trata es de integrar polí­ticas orientadas en todo caso al bien común sobre la base del consenso y de la capacidad de sí­ntesis, ese es quizás el mayor reto de un nuevo paradigma mundial, una vez logrado las sociedades serán capaces de articular acciones conjuntas.