Males endémicos


Los guatemaltecos desde que tenemos uso de razón hemos estado oyendo las quejas de los directores de Policí­a porque no les alcanzan los agentes para cumplir con su deber, sin embargo, no hay dí­a de Dios que no los veamos en embajadas y en tantos sitios más que nada tienen que ver con la seguridad que justamente reclama el pueblo. ¿Qué le parece a usted estimado lector, que hayan 19 diputados que disfrutan de guardaespaldas de la PNC, algunos hasta con seis elementos, mientras el pueblo vive literalmente en las cuatro esquinas? También, desde que era patojo mucho oí­ hablar de los peligrosos canchinflines y ahora todaví­a más cuando se ha demostrado el alto riesgo que representan los «silbadores», cuya promoción y venta llegó hasta ventilarse en la Corte de Constitucionalidad. De nada ha servido tanto alegato, siguen sonando y causando serios accidentes.

Francisco Cáceres Barrios

Es que los males endémicos abundan en Guatemala aunque nos llegara a gobernar Napoleón y Beria fuera su director de Policí­a. ¿Qué nos pasa?, ¿Será que nuestros gobernantes son flojos e incapaces o es que el chapí­n ya se acostumbró a hacer lo primero que se le antoje? Para ser sincero, yo creo que de ambas cosas tenemos un poco y que a estas dos posibilidades habrá que sumarle los intereses creados que hacen mover los engranajes de la polí­tica, por ejemplo, ¿existe algún guatemalteco que crea que en la proliferación de narcotraficantes en nuestro paí­s, no hay intereses creados de por medio y a todo nivel?

Me saca de leva la ingenuidad que nos caracteriza cuando se trata de contratar o convenir asesores o misiones internacionales que vengan a meter sus narices en nuestros males endémicos, pues después de pasado cierto tiempo, como tratando de descubrir el agua azucarada, nos recomiendan depurar la Policí­a nacional; capacitar a los del Ministerio Público; apoyar al Organismo Judicial para que pueda emitir fallos apegados al derecho; que en el sistema penitenciario habrá que corregir tantas deficiencias que viene padeciendo y que debe fortalecerse al INACIF para que los más avanzados métodos de la ciencia estén a la disposición de quienes seguimos ansiando contar con una administración de justicia pronta y eficaz. ¿Es que eso mismo no lo sabí­amos de sobra antes que el ex vicepresidente Stein abundara en los beneficios que nos traerí­a la CICIG, cuyos personeros no han pasado de poner cara de circunstancia cada vez que el chapí­n critica sus pobres resultados?. Los números no mienten, hablan por sí­ solos, en el año que está por finalizar los homicidios que fueron 493 en enero, ya en octubre iban por los 615 mensuales; de los secuestros que se han podido registrar, en el 2007 fueron 98 y en 2008 ya llevábamos 141. ¿Entonces, quién será capaz de curar nuestros males endémicos, es que estamos condenados a seguir así­ por siempre?