Un chapí­n que alcanzó el sueño americano


Hace alrededor de cinco años, recibí­ la llamada telefónica de quien dijo llamarse Byron Quezada. Subrayó que leí­a mis artí­culos en California, donde reside, y me preguntó si me recordaba de él, porque habí­a sido alumno mí­o cuando ocasionalmente yo suplí­a a mi madre, Marí­a Olimpia Villatoro, quien era maestra en la escuela rural mixta de El Carmen Frontera, en Malacatán, San Marcos.

Eduardo Villatoro
eduardo@villatoro.com

De inmediato vino a mi memoria un adolescente, casi niño, pelo castaño e inteligente, al que mi progenitora lo instruí­a en sus estudios de 6º. grado de primaria, además que era una especie de su monitor en las tareas de ella de educar a niños del primero al tercer grados elementales. Lo mismo hací­a yo cuando cubrí­a a Mamá Limpa en sus labores pedagógicas.

Byron tendrí­a unos 12 años de edad y yo no habí­a cumplido los 18, de suerte que nos separaban 6 años; notorios en esa época de la vida. Por eso, cuando me recordé del inquieto alumno Byron no dudé en tratarlo familiarmente de vos, porque en mi mente estaba la figura de un chico delgado, risueño y muy colaborador, cuñado del telegrafista de mi aldea, el finado Conrado Menéndez.

Lo invité a que me visitara y cuando lo vi en persona me asombré al encontrarme frente a un hombre un tanto corpulento, de pelo cano y regular calvicie. Muy diferente al patojo que yo habí­a conocido.

Hace pocas semanas volví­ a tener noticias de Byron. Cuando leí­ su primer correo electrónico no reconocí­ que era el mismo chico de otrora; pero con el intercambio de mensajes volví­ a recordarme del circunspecto señor con el que, pasadas las décadas, habí­amos conversado en la casa que habito.

Byron me cuenta que, obligado por las circunstancias, emigró a Estados Unidos, y ya en Los íngeles, después de realizar varios trabajos propios de un migrante, se enroló en la Policí­a de esa ciudad, inicialmente como voluntario y más tarde se graduó en la academia de esa institución.

Reinició sus estudios formales, se hizo bombero industrial y actualmente es supervisor de calidad en una refinerí­a de petróleo en California, pero antes obtuvo el tí­tulo de operador en el mismo ramo, que es el equivalente a ingeniero industrial, además de que en su tiempo libre escribe artí­culos de prensa sobre migración, y colabora con guatemaltecos que recién arriban al mencionado Estado.

Tiene formado un hogar, con hijos y nietos, pero añora mucho a su patria, con especial nostalgia a su pueblo natal, San Pedro Sacatepéquez, departamento de San Marcos. Byron es, pues, es un chapí­n que sí­ alcanzó el llamado sueño americano.

(Romualdo y yo nos solidarizamos plenamente con el sociólogo y periodista Gustavo Berganza, quien es blanco de una perversa campaña de difamación en su contra por empleados de la televisión abierta. Los columnistas democráticos deberí­amos integrar un frente común en defensa de la dignidad del Dr. Berganza).