Lamento disentir, en términos generales, sobre el criterio vertido en el Editorial de ese prestigioso diario vespertino, en lo que se refiere a que nuestro país haya depuesto virtualmente su reclamo «cuando aceptó la decisión del Gobierno de Serrano al reconocer en forma unilateral e incondicional la existencia del Estado de Belice», entre otras, por las siguientes razones:
Colegiado 1408 (Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala) Profesor Universitario
1. A pesar de que la declaración formulada por Serrano y Arzú, de conformidad con las reglas de la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, fue un acto unilateral del Estado de Guatemala, de carácter permanente e irreversible, otorgado obsequiosamente, que creó obligaciones internacionales para nuestro país y sobre el cual, el pueblo de Guatemala no fue consultado como lo manda la Constitución Política que nos rige;
2. A pesar de que hasta la fecha, ninguna autoridad nacional posterior, ha iniciado acción alguna de carácter patriótico interno, para examinar dicho «acto» de las más altas autoridades del país (Ejecutivo – Legislativo – y Judicial), ni tampoco ha examinado otros «actos» anteriores a éste (Entre otros: el voto favorable de Guatemala a la reforma del Artículo 8 de la Carta de la OEA -1985- que restringía el ingreso de Belice a dicho Organismo Continental), que comenzaron a minar nuestra sustentación jurídica internacional del reclamo que Guatemala ha mantenido por más de un siglo y que, hasta podrían constituir un crimen de «lesa Patria» en el marco del derecho común;
3. A pesar de que muchas entidades oficiales y privadas han suprimido del mapa de Guatemala, la parte correspondiente a Belice, como si ya no existiera el diferendo territorial citado y ya se hubiesen acordado convencionalmente los límites fronterizos;
4. A pesar del total desinterés de las autoridades correspondientes de los últimos gobiernos de turno de no instruir adecuadamente a nuestra juventud, sobre los derechos que le asisten a nuestra Patria sobre una amplia extensión del territorio que actualmente ocupa el Estado de Belice;
5. A pesar de que la mayoría de guatemaltecos, incluyendo autoridades públicas y hasta miembros de la Prensa nacional, desconocen que el reconocimiento a la libre determinación de los pueblos -el caso del pueblo de Belice- y su posterior proclamación de independencia y surgimiento como Estado en el ámbito de la Comunidad Internacional, nunca, en ningún momento, puede estar reñido o constituir -para el caso de Guatemala- una renuncia a otros principios igualmente válidos, sustentados en la Carta de la Organización de las Naciones Unidas, como lo son, primordialmente, la Soberanía y la integridad territorial de los Estados – en este caso, la soberanía e integridad territorial de Guatemala, país que en ningún momento ha cedido lícitamente ninguna parte del territorio que, como ex colonia del Reino de España, le corresponde de acuerdo a los títulos histórico-jurídicos que devienen válidos e indelebles desde su propia independencia, reconocida plenamente por el Reino de España, según el Acuerdo de Reconocimiento Paz y Amistad, suscrito el 29 de mayo de 1863 entre la República de Guatemala y el Reino de España;
6. A pesar de que la posición de Guatemala ha sufrido altibajos en su reclamo territorial y que, inclusive, algunos «cancilleres» han llegado al extremo de aseverar que el problema solamente es de carácter «fronterizo», es decir; de fijación de límites y, que se ha llegado al extremo de contratar a juristas anglosajones para asistir a nuestro país en la búsqueda de soluciones y que como resultado de ello, en alguna oportunidad la propia OEA intentó difundir el criterio de que solamente era suficiente con delimitar las fronteras para resolver el diferendo;
7. A pesar de todo lo anterior y de innumerables otros factores de orden jurídico, histórico y político que rodean este asunto, podemos afirmar, con toda seguridad, que como país, como nación y como pueblo, aun cuando parezcamos indiferentes ante un problema cuyos pormenores la mayoría desconocemos, estamos conscientes de que el caso de Belice debe resolverse de acuerdo a principios que rigen a las naciones civilizadas, pero no por ello, hemos depuesto en algún momento «nuestro reclamo», o renunciado a él como indica su Editorial. Si en algún momento el planteamiento, particularmente para fines políticos propagandísticos era «Belice es Nuestro», el descubrimiento de elementos jurídicos y el surgimiento de situaciones reales como la propia proclamación de independencia y el reconocimiento inconsulto dado por Serrano y su Canciller, han permitido conocer aspectos más concretos y detallados sobre el alcance de nuestros derechos y, consecuentemente, se ha podido visualizar mejor la magnitud de nuestro reclamo territorial que, tampoco puede menoscabar nuestro legítimo derecho de salida al Mar Caribe, que desde cualquier punto de vista resulta jurídicamente inobjetable.
Muchas gracias por permitirnos usar este valioso espacio, pero estimamos que el tema lo amerita y que el criterio editorial de este importante medio lo evaluará en su justa dimensión.