Existen dudas sobre la capacidad de Islamabad de acabar con sus grupos islamistas.
Pakistán atacó a sus grupos islamistas tras los atentados de Bombay, pero los analistas destacaron hasta el momento que actuó bajo presión internacional y pusieron en duda su capacidad de acabar con organizaciones protegidas durante tanto tiempo por los militares.
Respondiendo a esas presiones, Islamabad lanzó esta semana una amplia operación contra la fundación Jamaat-ud-Dawa considerada la cara pública del grupo islamista Lashkar-e-Taí¯ba, acusado por la India de los ataques simultáneos que causaron 172 muertes en Bombay.
Este viernes se produjeron nuevas detenciones e interrogatorios a miembros de esa fundación. El jueves, después que el Consejo de Seguridad de la ONU incluyó a la Jamaat-ud-Dawa en la lista de organizaciones sospechosas de apoyar el terrorismo, el gobierno cerró todas las oficinas de la fundación y puso bajo vigilancia domiciliaria a su fundador Hafiz Said y a otros ocho dirigentes de la misma.
Ayesha Siddiqa, un analista independiente en temas de seguridad, considera que la determinación del presidente Asif Ali Zardari de perseguir a militantes islamistas es clara, pero aún es pronto para decir también que es tan efectiva, teniendo en cuenta el tradicional apoyo que los militares paquistaníes han dado a los muyahidines, enemigos declarados de la India.
Pakistán ha estado dirigido más de la mitad de sus 61 años de independencia por generales golpistas.
«Harán falta varios días, quizá semanas para medir los efectos reales de estos golpes», señala Siddiqa.
El Lashkar-e-Taí¯ba se ha beneficiado, incluso tras su prohibición formal en 2002, de un apoyo de los poderosos servicios de inteligencia y de algunos oficiales.
El LaT es uno los numerosos grupos que actúa en la parte de Cachemira controlada por India y algunos militares paquistaníes consideran ventajoso tenerlo como aliado en la disputa con su vecino y tradicional rival.
El grupo fue prohibido en 2002 después de ser responsabilizado por India de un ataque contra su parlamento, pero se considera que continua operando a través de diferentes organizaciones como la Jamaat-ud-Dawa.
La decisión del gobierno civil surgido tras las legislativas de febrero de actuar contra estos, como respuesta a las presiones de India y los pedidos de Washingnton, ha debilitado su imagen entre la población que tiene un fuerte sentimiento antiestadounidense.
«Nuestras políticas de seguridad y en la lucha contra el terrorismo, deben ser más proactivas y no simplemente reactivas» a las injerencias extranjeras, señala Ishtiaq Ahmed, profesor de relaciones internacionales de la universidad de Islamabad.
«Hace mucho tiempo que debía haberse iniciado esta operación (contra el LeT y otros grupos) pues ahora que lo hacemos bajo la presión de India, ellos pueden reclamar que nos lo habían advertido», agrega este analista.
El politólogo Anees Jillani, también subraya la contradicción en la posición del gobierno. «De un lado Pakistán asegura que no actuará contra los paquistaníes sin pruebas, que todavía no han sido suministradas por India, pero al mismo tiempo la emprende contra un grupo» acusado por Bombay, señala.