Ningún fabricante de automóviles del mundo logró escapar en 2008 a la tormenta que sacude el ramo y que puede costar sangre y lágrimas, aun cuando en algunos países el Estado pueda acudir en socorro de una industria rica en mano de obra.
En Washington, los tres gigantes estadounidenses –General Motors (GM), Ford y Chrysler– otrora pujantes terminan el año implorando al Congreso una ayuda de 34 mil millones de dólares para salvarse de la quiebra.
La crisis del crédito resultará sin duda cruel para las «Tres grandes» de Detroit, en un contexto en que los bancos no quieren prestar dinero a los consumidores. Pero los sinsabores de los fabricantes son merecidos por el error de producir vehículos demasiado voraces en tiempos de precios elevados del petróleo.
GM y Chrysler advirtieron que podrían quebrar a comienzos de 2009 si no reciben ayuda estatal, mientras los políticos vacilan con respecto a socorrer un sector que de todas formas puede estar condenado por la competencia extranjera.
La Cámara de Representantes estadounidense aprobó el miércoles un paquete de rescate de 14.000 millones de dólares para la industria automotriz local, pero el proyecto aún enfrenta dura oposición de sectores republicanos en el Senado.
Incluso en el caso de que Washington se decidiera a socorrer una industria que emplea a uno de cada 10 obreros en Estados Unidos, «la quiebra de uno de los fabricantes seguiría siendo posible», advirtió el analista Gregg Lemos Stein, de la agencia de calificación de riesgo Standard & Poor»s.
Los problemas de los fabricantes no se resolverán de un día para otro, pero seguirán sufriendo una baja de la demanda inédita en el mundo.
«Sería difícil encontrar una región del mundo que no esté sometida a fuerte presión», observó Lemos Stein.
En Europa como en Asia, los fabricantes deben recurrir a las vacaciones forzosas ante una baja de las ventas que ha superado con amplitud el 40% en muchos países durante los últimos meses.
En Francia, el presidente Nicolas Sarkozy anunció una prima de 1.000 euros para los compradores de vehículos nuevos para estimular la renovación del parque automovilístico.
Los países emergentes no se salvaron de la crisis, ni siquiera Brasil o la propia China, donde el crecimiento del mercado alcanzó a entre 20% y 30% en los últimos años y donde el número de nuevas matrículas cayó 10% en diciembre.
«Todavía no hemos tocado el fondo; las malas noticias siguen llegando», observó Rebecca Lindland, analista de Global Insight, que no espera una normalización de la actividad antes de 2010.
«Europa está en fase de entrada en recesión y los mercados emergentes siguen desacelerándose y no se sabe cuándo se detendrá esa desaceleración», señala.
La crisis supone una redistribución del mercado en todo el mundo. Toyota está a punto de convertirse en número uno del sector superando a General Motors, mientras que Volkswagen ya desplazó a Ford al tercer lugar en la clasificación.
Como señal de los tiempos, Ford tuvo que vender las prestigiosas marcas británicas Jaguar y Land Rover a la firma india Tata y puede deshacerse de la sueca Volvo, mientras GM estudia la venta de Saab.
Pero las dificultades financieras enturbian el juego: GM renunció a fusionarse con Chrysler, y en Alemania Porsche tuvo que hacer lo mismo respecto a Volkswagen. Estos mismos problemas de liquidez amenazan con refrenar el avance hacia modelos más económicos en combustible.
En Asia, incluso el todopoderoso Toyota tuvo que advertir en noviembre que sus ganancias iban a caer este año a su nivel más bajo en nueve años, al tiempo que Honda y Nissan formularon una advertencia similar a sus inversionistas, como también hizo el alemán BMW.