Harare siguió desafiando a la comunidad internacional al tratar de «repugnantes» a los líderes occidentales que reclaman la dimisión del presidente Robert Mugabe e ignorar la propagación de la epidemia de cólera afirmando que se encuentra «bajo control».
El ministro zimbabuense de Información, Sikhanyiso Ndlovu, calificó el martes de «repugnantes» a los líderes extranjeros que han pedido la renuncia de Mugabe y acusó a Occidente de conspirar para invadir militarmente su país.
«No tengo palabras halagí¼eñas para los jefes de Estado que han hecho declaraciones contra Zimbabue y espero que sea la última vez que abren sus repugnantes bocas sobre Zimbabue», declaró a la prensa Ndovu.
«Tras haber estrangulado al país con sanciones, haberlo contaminado con el cólera y el ántrax, occidente intenta meterse por la brecha abierta por el desastre para justificar una intervención militar», añadió.
La presión internacional aumentó en los últimos días para lograr que el presidente zimbabuense, de 84 años de edad y que lleva 28 en el poder, abandone su cargo y ponga así fin a la parálisis política que sufre el país, sumándose a una crisis humanitaria y económica.
El presidente estadounidense, George W. Bush, afirmó este martes que es «hora de que Robert Mugabe se vaya» e hizo un llamamiento a los países vecinos de Zimbabue para que se sumen a quienes piden el final de su gobierno.
Los países de la UE ampliaron las sanciones contra Mugabe y sus principales colaboradores. El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, que ejerce la presidencia rotativa de la UE, sumó su voz a los crecientes llamados para que Mugabe abandone el poder.
El vocero de Mugabe, George Charamba, volvió a acusar este martes a Gran Bretaña y a Estados Unidos de planear una invasión del país y de tratar de llevarlo ante el Consejo de Seguridad de la ONU alegando que su gobierno es incapaz de hacer frente a la epidemia de cólera y a la escasez alimentaria.
Gran Bretaña, la ex potencia colonial de Zimbabue, lidera el coro internacional que pide la dimisión de Mugabe, en el poder desde la declaración de independencia en 1980.
Zimbabue, cuya economía está destruida, enfrenta una grave crisis política desde las polémicas elecciones realizadas este año. Un acuerdo de reparto de poder con la oposición está estancado por diferencias sobre la atribución de puestos clave en el gabinete.
Estados Unidos y algunos países africanos como Botsuana y Kenia también dijeron que Mugabe debía abandonar el poder, pero muchos vecinos de Zimbabue guardan silencio o apuestan aún por el éxito de las negociaciones de reparto del gobierno.
Mientras tanto, la epidemia de cólera en Zimbabue ha desatado la alarma en el ífrica austral. Algunos exámenes han detectado ya la bacteria en las aguas del río Limpopo, que surca la región.
Según un último balance de la ONU publicado el martes, la epidemia de cólera «sin precedentes» que afecta a Zimbabue desde agosto, ha causado 589 muertos y contaminado a 13.960 personas.
El país enfronta también una seria escasez de alimentos, y en el próximo mes cerca de la mitad de la población necesitará ayuda de emergencia, según la ONU.
Cientos de pacientes han salido del país en busca de tratamiento en Sudáfrica, donde al menos ocho de ellos han muerto.
El ministro zimbabuense de Información, Sikhanyiso Ndlovu, dijo no obstante que la epidemia de cólera «está controlada», pese a las declaraciones contrarias de varias organizaciones internacionales.
La epidemia «está bajo control (…) tenemos suficientes productos químicos para purificar el agua. Tenemos suficientes divisas extranjeras para comprar canalizaciones» con el fin de reparar las alcantarillas, indicó a la prensa.