Atentados en Pakistán muestran debilidad de logí­stica de OTAN


Personal de las Fuerzas de Seguridad Fronteriza (uniforme café) realizan su ceremonia diaria en Pakistán donde se han registrado atentados.  AFP Narinder Nanu

Una serie de audaces atentados como los que incendiaron 300 camiones en Peshawar evidenciaron que el sistema de abastecimiento de las tropas de la OTAN en Afganistán a partir del noroeste de Pakistán constituye un blanco fácil para los islamistas.


Afganistán no dispone de salida al mar. Por eso, la mayor parte del material destinado a las tropas internacionales desplegadas en el paí­s asiático se enví­a en barco a Karachi, el gran puerto de Pakistán considerado como su capital financiera.

Una vez descargados, los contenedores de carburante, ví­veres, vehí­culos y municiones se enví­an por camión a Peshawar, en el noroeste de Pakistán. Desde allí­ van a las zonas tribales hasta Jalalabad, ya en Afganistán, a través del paso de Khyber, el más importante de la frontera afgano-paquistaní­.

«Un 70% de nuestros abastecimientos llegan de Pakistán por el paso de Khyber. El resto se transporta directamente por ví­a aérea y otras rutas», indicó el coronel Greg Julian, portavoz del ejército estadounidense en Afganistán.

La ví­a aérea directa es muy costosa y no permite transportar grandes cantidades de equipos. Las «otras rutas» a las que hací­a referencia Julian es la que une Karachi con Quetta y después con Kandahar, en el sur de Afganistán, pero que atraviesa la homónima provincia, feudo de los talibanes.

Por tanto, es imposible dejar de utilizar el paso de Khyber, de 50 kilómetros pero tan sólo de 15 metros de anchura en su punto más estrecho y que constituye desde los tiempos de Alejandro El Grande la ví­a tradicional de pasos e invasiones entre Afganistán y el subcontinente indio.

Sin embargo, el paso de Khyber está en el corazón de las zonas tribales, que se han convertido en el refugio de los militantes de Al Qaida y de los talibanes huidos de Afganistán tras la caí­da de su régimen, a finales de 2001.

«Mientras los camiones no entran en Afganistán, están bajo la responsabilidad de las autoridades militares paquistaní­es con las que tenemos intercambios de información muy fructí­feros y un nivel de cooperación nunca visto», aseguró el general Richard Blanchette, portavoz de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad de la OTAN (ISAF).

Pero la multiplicación de atentados y la insurrección en las zonas tribales amenazan la estabilidad de Pakistán y, por tanto, el abastecimiento de las fuerzas internacionales en suelo afgano.

El domingo, 250 talibanes paquistaní­es asaltaron dos depósitos cerca de Peshawar e incendiaron más de 200 vehí­culos que transportaban equipos para las fuerzas afganas e internacionales.

El lunes, en otro ataque, otro centenar de vehí­culos, entre ellos 50 camiones de aprovisionamiento, también fueron incendiados.

Esas acciones no son precisamente signo de buen augurio, en un momento en que Estados Unidos cuenta con casi duplicar sus tropas en Afganistán, que actualmente son 32.000 de los 70.000 soldados extranjeros desplegados en ese paí­s.

«Ninguna acción del enemigo influyó en nuestras operaciones. Tenemos suficientes recursos y lí­neas de abastecimiento fuertes», minimizó Banchette.

Sin embargo, la amplitud de los ataques plantea un problema, pues las alternativas a Pakistán son limitadas: Afganistán dispone de una larga frontera con Irán pero ese frente no puede servir de ayuda en ningún caso, dadas las relaciones hostiles entre Washington y Teherán.

También tiene frontera con las república ex soviéticas de Turkmenistán, Uzbequistán y Tayikistán, pero en ellas la influencia de Moscú aún es fuerte.

Las relaciones de Rusia con la OTAN no atraviesan su mejor momento debido a la guerra ruso-georgiana de agosto, aunque Moscú autorizó en noviembre a Alemania a transportar a través de su territorio material militar destinado a Afganistán.

ATENTADOS Arrestan a dos jefes


Pakistán arrestó a dos jefes del grupo ilegal Lashkar-e-Taiba (LeT), principal sospechoso de haber cometido los recientes atentados que ensangrentaron la capital financiera de India, Bombay, informó el primer ministro paquistaní­, Yusuf Raza Gilani.

Los dos arrestados son considerados por los medios indios como los principales organizadores de los ataques de Bombay, que causaron 172 muertos (entre ellos nueve de los diez autores de las matanzas).

El primer ministro paquistaní­ identificó a los detenidos como Zaki-ur-Rehman Lajvi y Zarar Shah y precisó que se está realizando una investigación.

La prensa india señaló que el único asaltante superviviente de los ataques -Mohammed Ajmal Amir Iman, detenido en India- identificó a Lajvi como el organizador del comando; los investigadores sospechan que Shah se ocupó de los teléfonos móviles y satelitales usados en la acción.

Bajo una intensa presión internacional, Pakistán lanzó una operación el pasado fin de semana contra las organizaciones islamistas en su territorio.

Así­, las fuerzas paquistaní­es arrestaron a 16 personas, 15 de ellas en un campo de refugiados en la región de Cachemira, gestionado por una organización caritativa viculada al LeT.

Por el momento se desconoce si Lajvi y Shah fueron arrestados en esa acción.

Algunos de los detenidos figuraban en una lista de personas a extraditar entregada por India a Pakistán la semana pasada, debido a su presunta relación con los ataques de Bombay.

Gilani, sin embargo, negó que los arrestos paquistaní­es correspondieran a la presión india.

«Cualquier acción que emprendamos será en interés de Pakistán y su pueblo», declaró a la prensa.

La cancillerí­a paquistaní­ insistió en que los sospechosos arrestados podrí­an ser juzgados en Pakistán y no extraditados a India.

Los medios indios informaron el miércoles que el asaltante superviviente sindicó a Lajvi como el hombre que seleccionó y entrenó a los diez milicianos. Al parecer, seleccionó también los lugares a atacar en Bombay desde Karachi (la capital financiera de Pakistán) usando mapas del sitio Google Earth.

Según el atacante superviviente, cada uno de sus compañeros llevó ocho granadas, un fusil de asalto AK-47, 200 cartuchos y un teléfono móvil.

El primer ministro paquistaní­ tampoco quiso decir si su paí­s prohibirá la Jamaat-ud-Dawa, la organización caritativa considerada como el brazo polí­tico del LeT.

«No haremos nada bajo presión india. La prohibición ya existe», subrayó en referencia a la ilegalización del LeT declarada por Islamabad en 2002 después de que ese grupo atacara el Parlamento indio en 2001, causando diez muertos.

El representante de Pakistán ante la ONU, Hussain Haroon, indicó el martes que su paí­s podrí­a ilegalizar la Jamaat-ud-Dawa y congelar sus fondos si el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas la considerara una organización terrorista.

El ataque de 2001 puso a India y Pakistán -dos potencias nucleares- al borde de su cuarta guerra desde su independencia del Imperio Británico en 1947.

Los atentados de Bombay han vuelto a echar leña al fuego entre ambos vecinos, cuyo principal conflicto se refiere a la disputada región de Cachemira, actualmente dividida.

Pakistán, que también enfrenta una campaña de atentados islamistas, declaró el martes no querer la guerra con India, pero precisó estar «totalmente preparado» en caso de que Nueva Delhi lance un ataque militar.

La policí­a india dio a conocer a última hora del martes los nombres de los asaltantes y los de las ciudades paquistaní­es de las que provení­an.

El jefe de la policí­a de Bombay, Rakesh Maria, señaló que esa información la facilitó el asaltante superviviente.

«Todos usaban alias, para evitar conocer sus nombres verdaderos», explicó Maria al precisar que el más joven de los atacantes tení­a 20 años y el mayor 28.