No nos engañemos, abramos bien los ojos y si quieren pongámonos las pilas. Una sumatoria de crisis hacen sentir, duro y a la cabeza, una panorámica plena de negros nubarrones. La situación marcha con pasos perdedores hacia momentos ingratos, demoledores, a ritmo excesivamente veloz y preocupante.
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Eso amerita con el calificativo de urgente, la puesta en práctica de la austeridad, a manera de tabla salvadora antes de que sea demasiado tarde. Aunque parezca contradictorio, es el mecanismo del caso, ante la presencia de los festejos de fin de año. No caigamos en el encandilamiento que crea el consumismo.
Hay una tendencia a gastar a manos llenas en dichas conmemoraciones inscritas en las tradiciones y costumbres inveteradas. La mesura y un buen raciocinio da la pauta con miras a deponer muchos gastos innecesarios. Tomemos conciencia en el sentido de encontrarnos en una verdadera época de vacas flacas.
Los buenos manejos monetarios piden a nivel de ¡SOS! Evitar el derroche que siente base volátil en realidad en las prestaciones sociales, entre ellas de aguinaldo anual. Planes, ilusiones diversas ganan terreno, ahora movedizo, hecho de sobra conocido, llamado a cualquier inversión sin qué ni para qué.
Admitimos también sobremanera que es tanto el bombardeo publicitario y mercadológico, que resulta fácil poner los pies sobre la tierra, en medio de la fantasía. Primero precisa satisfacer prioridades indeclinables, como son la alimentación, techo, salud y tranquilidad. El resto, siempre y cuando sea factible.
La declaración implícita que existe recesión económica galopante de tipo mundial y más cercana en los EE.UU., debe ser el indicador efectivo y concreto. Si allá da tremendos golpes, pese a ser potencia, de consiguiente en el país, las cosas vienen poniéndose escabrosas y por supuesto decadentes en demasía.
Constituye una nueva y arrolladora crisis cuyos antecedentes fijan los años treinta. Motivo para ceder paso a la austeridad, queramos o no, en situación hasta hace poco propicia a los desembolsos navideños y de Año Nuevo. El entorno, pieza clave de los eventos en mención compartámoslos con límites.
Tampoco significa poner en práctica la austeridad, cerrar totalmente el espíritu tan extraordinario de esas fechas especiales. La magia innegable de las celebraciones son propensas a festejar con la familia esas fiestas universales. Conviene si son coherente la animación con los dineros tan huidizos últimamente.
La excitativa a poner en práctica la necesaria austeridad, podría ser en general. Sin embargo, que implique a los desheredados de la fortuna vienen a significar un insulto, dadas las de suyo precariedades en las que viven segmentos pobres y de extrema pobreza, incluso contingentes de indigentes que imploran ayuda.
Las palabras que forman un contexto digno de consideración y meditación indican: «Señor, da pan a los que tienen hambre, y hambre de ti y sensibilidad a los que tienen pan». Igual cita el pensamiento asturiano: «Dar es amar, dar prodigiosamente, por cada gota de agua, devolver un torrente».
Pero urge poder en práctica la austeridad, con mayor razón de parte de los altos funcionarios del gobierno central y restantes organismos del Estado. Si lo hacen de inmediato, representará un clamor popular y un deseo creciente de la población, a la espera hace tiempo que sea una hermosa realidad ostensible.