Una América del Sur que desea unirse por encima de sus diferencias políticas y diplomáticas para trabajar por la liberación de los secuestrados y la paz en Colombia: ésta es la victoria que dice llevar en la maleta Ingrid Betancourt tras un periplo de diez días por ocho países de la región.

«Estoy convencida de que algo se logró: un consenso de todos los países de Sudamérica que va a abrir los caminos para la liberación de secuestrados y puede iniciar una esperanza para la paz en Colombia», declaró la ex rehén de la guerrilla de las FARC en Caracas, punto final de su gira por América Latina.
Segura de que «los resultados van a comenzar a darse» cuando la idea madure entre los líderes de la región, Betancourt consideró que «es imposible resistirse a la voluntad de una América del Sur unida en el tema colombiano».
«No hay posición que no se pueda mover si todos los presidentes están dispuestos a jugársela», apostó, recalcando que encontró «complementariedades» y no diferencias entre los líderes que conoció en estos días.
El último presidente en darle su apoyo fue el venezolano Hugo Chávez, quien fue mediador para su liberación en 2007, una iniciativa que terminó enturbiando las relaciones con el mandatario colombiano, ílvaro Uribe.
«Chávez es un hombre terriblemente generoso que ha sufrido mucho y que se metió en esto porque ama a Colombia (…) El me dijo: «No puedo decir que no, cuenta conmigo»», aseguró Betancourt tras su reunión con el mandatario en Caracas el lunes.
Desde Quito hasta Buenos Aires, cada paso de la gira de Betancourt estuvo acompañado a distancia por Uribe, quien ordenó la operación de rescate que logró liberar a la rehén franco-colombiana el pasado julio.
«El presidente Uribe ha sido muy franco: El no quiere que a través de actores externos se abra una plataforma a las FARC, pero al mismo tiempo él es consciente de que Colombia necesita una solución», explicó.
En este contexto de urgencia, Uribe considera «importante» el «apoyo de América del Sur» sin exceptuar a países como Ecuador, con quien los lazos diplomáticos están rotos, garantizó Betancourt.
«Sería imposible que alguien quedara fuera (…) Como todo colombiano, Uribe quiere la paz y sabe que la guerra es la peor opción», recalcó.
En su viaje por América del Sur, la ex rehén de las FARC sólo dejó de reunirse con los presidentes de Uruguay, Tabaré Vázquez, y Paraguay, Fernando Lugo, por problemas en las conexiones aéreas. «Quedo con la angustia de que físicamente no he podido hacerlo», explicó.
Su gira ha querido ser además un intento de seguir implicando a Europa en el drama colombiano pese a que los actuales rehenes sean seres humanos más anónimos y sin el apoyo mediático que rodeó a Betancourt.
«Francia sigue comprometida para lograr la libertad de los secuestrados y con ello abrir un espacio de paz en Colombia. Y detrás de Francia en este momento está Europa», aseguró, refiriéndose a la presidencia pro témpore de la Unión Europea ejercida este semestre por Francia.
Recordando que vivió «seis años, cuatro meses y nueve días viendo las entrañas de las FARC», Betancourt dijo estar segura de que la guerrilla vive días de una gran reflexión.
«Los golpes hacen que la gente piense y las FARC han tenido un año negro. Todo les ha salido mal (…) Sé que me escuchan con rabia. Los puedo casi oír, pero yo no hablo con rencor. Espero que ellos reaccionen y dejen de ser tan tercos», dijo.
Al mismo tiempo, la ex rehén consideró que el gobierno colombiano tiene que entender que «todo proceso de paz implica cambios», que deben darse libremente y sabiendo que la ganancia será superior al terreno cedido.
«Yo no quiero ser mediadora ni facilitadora de nada. No pretendo ir a hablar con las FARC ni creo que tuviera la fortaleza psicológica para hacerlo. Mis ambiciones van por pasos (…) pero creo que uno tiene que expresar sus sueños para que se hagan realidad», concluyó.