El Salvador se enfrentará a dos procesos de elecciones a inicios de 2009. Pese a que las encuestas de la prensa escrita salvadoreña indicaban que se cerraba la ventaja del candidato Mauricio Funes, del izquierdista FMLN, sobre su principal oponente el oficialista ARENA, Rodrigo ívila, fueron claros al señalar «no hay empate técnico». Esto daría vuelta a la historia política del «pulgarcito de América» que ha sido gobernada por 20 años por un partido ultra-conservador.
En Honduras, el 16 de noviembre todos los partidos políticos realizaron elecciones primarias, en las cuales se hizo oficial quienes serán los candidatos de los dos partidos que protagonizarán la disputa por los comicios que se celebrarán, también en 2009.
Se menciona que estas elecciones fueron una derrota para el presidente Manuel Zelaya. Esto después de haber impulsado la aprobación de Petrocaribe, y posteriormente de la Alternativa Bolivariana para las Américas -ALBA-, y ser el primer gobierno liberal que asume un convenio político liderado por el mandatario venezolano Hugo Chávez.
El candidato que apoyó el mandatario hondureño fue derrotado Mauricio Villeda, quien fue impulsado por el vicepresidente hondureño, Elvin Santos quien se ha opuesto al ALBA y a la relación con los gobiernos de izquierda del continente. Su principal contrincante podría ser Porfirio Lobo, del Partido Nacional quien por su enfoque conservador y de mano dura hacen augurar que hay pocas posibilidades que persistan estos proyectos implementados por los gobiernos progresistas.
Las pasadas elecciones en Nicaragua, que pudieron ser un termómetro de la popularidad del mandatario de ese país, el sandinista Daniel Ortega, se vieron empañadas luego de que sus opositores señalan fraude tras los resultados en los que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) obtuviera la victoria en 105 de las 146 municipalidades en disputa, incluyendo la capital y 13 de las 16 cabeceras departamentales.
El escenario de violencia política en ese país, y las confusas alianzas de las principales fuerzas políticas hacen difícil determinar un escenario para las próximas elecciones presidenciales en Nicaragua.
En Guatemala los procesos han sido siempre poco impredecibles. Nunca un partido ha logrado reelegirse y casi por inercia el segundo lugar obtiene el primero en los próximos comicios. Hasta ahora, no ha sucedido nada que haga pensar que será diferente. Por tanto, parece que transitaremos de un Gobierno de corte neoliberal con máscara social demócrata a uno más abiertamente conservador.
Así los vaivenes de la política en Centroamérica. Con una cada vez más marcada polarización ante las propuestas de los bloques regionales -el progresista y el neoliberal-. Asimismo, sin capacidad a lo interno de los países de generar consensos para proyectos de largo plazo. Tampoco con capacidad de impulsar transformaciones de fondo y sin movimientos sociales fuertes que obliguen a esas reformas. Y ante esa atomización de los liderazgos políticos tampoco se ve claro como podría gestarse una integración política y económica.