La inseguridad nacional es, si no el principal, uno de los más importantes temas que deberían estar en la agenda del presidente Colom. La situación en la actualidad es insoportable y tiene como efecto un estado de infelicidad casi absoluta que no permite el crecimiento y bienestar al que todo ser humano aspira para vivir bien. De poco sirve el bienestar físico (de los que lo tienen) si falta confianza y tranquilidad en el diario vivir.
Las muertes violentas que anuncian los medios no es sino la manifestación de que estamos mal y que vamos para peor si no se toman medidas adecuadas. Estos hechos enrarecen el ambiente e incapacitan la capacidad onírica imprescindible para proyectarnos en el tiempo. El temor ante una muerte que puede ser inminente nos inutiliza y hace que vivamos en un estado amilanado y disminuido.
Si es cierto que el Estado debe garantizar la felicidad de sus ciudadanos, el nuestro no lo cumple ni por asomo. Nuestra estructura de país está en jaque en virtud de la falta de estrategias efectivas que permitan vislumbrar la solución frente a la violencia cotidiana. Estamos en una situación crítica en el que se hipoteca no sólo el presente sino fundamentalmente el futuro inmediato.
Parece evidente que hay una especie de descontrol mundial, un desasosiego planetario y una violencia de escala nunca vista, sin embargo no debemos hacernos las víctimas ni consolarnos porque en todas partes es aparentemente igual. Hay que poner a funcionar la imaginación y proponer recetas efectivas no sólo a nivel domiciliar (en nuestro país), sino internacional. Es de vagos e inútiles esperar la respuesta de las grandes naciones, soñar con soluciones foráneas y dormirse en los laureles. Es preciso el liderazgo y acciones a corto y largo plazo.
Esto conlleva el compromiso de los partidos políticos para impulsar proyectos de más largo respiro. Responsabilizarse por la situación del país y dejar de lado los intereses mezquinos situados en la punta de la nariz. Los partidos del futuro o son creativos y serios o están condenados a la guillotina popular. Por eso, no es casual que las organizaciones políticas en Guatemala duren poco: en realidad es la manifestación de la insatisfacción de la población al considerar sus acciones como intrascendentes, inútiles y de poca valía.
La seguridad nacional parece pasar por temas que tampoco deben olvidarse: educación, trabajo, salud y alimentación. Poner de moda la seguridad de los ciudadanos es poner también en boga estos temas. Por eso se trata, aparentemente, de una estrategia conjunta. Es inútil pasar cazando ratones si las condiciones permiten su reproducción generosa. Hay que atraparlos, pero también evitar su crecimiento. Entonces sí tiene sentido lo que decía Colom como candidato: «atacar la violencia con inteligencia». Pero es precisamente eso lo que no se ha visto hasta el día de hoy.
Los gobiernos tienen un gran reto por delante que no se va a conseguir con acciones tibias e improvisadas. Y es desde la inseguridad que serán juzgados en el futuro. Dime cuánta seguridad garantizaste en tu gobierno y te diré qué tan bueno fuiste. Si esto es así, no me cabe la menor duda que el gobierno de Colom se dirige a pasos firmes para una calificación menos que mediocre.