ETA ataca proyecto de tren de alta velocidad en el País Vasco.
ETA, que mató ayer a un empresario vinculado a la construcción del tren de alta velocidad del País Vasco (norte), quiere boicotear la construcción de esta gran obra de infraestructura como ya hizo con otras en los años 80 y 90.
Con el asesinato de Ignacio Uría, de 71 años, además de apuntar de nuevo a empresarios –lo que no hacía desde hacía ocho años– la organización independentista armada vasca regresa a una práctica de los años 80 y 90 que le dio resultados.
A finales de los 70 y comienzos de los 80, ETA llevó a cabo una campaña contra la central nuclear de Lemóniz, que nunca llegó a ponerse en funcionamiento después de que la organización matara a cinco empleados.
También resultó efectiva la campaña de ETA contra la construcción de la autovía de Leizarán, que unía el País Vasco con la vecina provincia de Navarra. La organización quería que se cambiara el trazado de la vía alegando motivos ecológicos, y lo consiguió después de múltiples atentados contra las obras y de matar a cuatro personas.
Otro gran proyecto económico de la región, la construcción de la vía del tren de alta velocidad (TAV) –llamado «la Y vasca» por la forma de su trazado–, está ahora en la mira de ETA.
La organización vive actualmente un período de gran actividad, después de una tregua y un intento de negociación con el gobierno para dejar las armas, pero también de fuerte debilidad por la acción policial, que este año capturó a sus dos jefes.
ETA ya anunció su nuevo objetivo hace más de un año en un comunicado de agosto de 2007 y lo empezó a poner en práctica poco después con varios ataques a las instalaciones y con el asesinato de Uría, propietario de la empresa Altuna y Uría, una de las sociedades que trabajan en el TAV.
Los intereses que están detrás del TAV son ajenos a Euskal Herria», decía el comunicado, en el que aducía razones ecológicas e independentistas.
El proyecto del TAV, con una inversión de más de 4.000 millones de euros y 27 empresas y 10.000 trabajadores implicados, está considerado por las autoridades locales como un motor de la economía regional, sobre todo en la actual crisis, y tanto éstas como el gobierno español dejaron claro tras el atentado que no cederán ante ETA.
«Esa obra se va a hacer», manifestó el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, que aseguró la «firme determinación del gobierno de realizar esa obra, la más importante para la futura vertebración de Euskadi, de Euskadi con el conjunto de España y de Euskadi hacia Europa».
«No permitamos que ETA tergiverse las cosas», alertó por su parte el presidente regional vasco, Juan José Ibarretxe. «Necesitamos más que nunca en este país a los empresarios».
El secretario general de la patronal vasca Confebask, José Guillermo Zubía, aseguró por su parte a la radio RNE que los empresarios seguirán trabajando «por el desarrollo económico vasco y comprometidos con la sociedad».
«La respuesta no puede ser la acomodaticia de Lemóniz y Leizarán», estimó el diario El País en un editorial.
Pero para Edurne Uriarte, catedrática de Ciencias Políticas de la Universidad Rey Juan Carlos, aunque «ETA está más débil que antes», «aun así puede lograr (…) paralizar la Y».
Y esto debido al «miedo en la sociedad vasca» y «la falta de movilización», «la actitud de los nacionalistas, que miran hacia otro lado», en referencia de los partidos nacionalistas en los poderes locales, y porque el gobierno socialista español, que intentó negociar con ETA el fin de la violencia, no lidera un verdadero movimiento social contra el terrorismo, dijo.
Tras el atentado del miércoles, varios partidos nacionalistas criticaron a ANV, formación independentista ilegalizada por sus lazos con ETA y presente en varios ayuntamientos vascos, por no condenar los atentados.
Y varias voces socialistas y conservadoras fueron más allá y reclamaron que este partido, que a pesar de ser ilegal conserva sus cargos, deje de gobernar.