La violación sexual de mujeres durante el conflicto armado interno fue una estrategia de guerra sistematizada, empero, cuando se ha intentado buscar justicia por violaciones a los derechos humanos en ese período, estos crímenes han sido relegados.
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Laura Montes, jurista de la organización Actoras de Cambio, señaló que la violencia sexual fue una práctica que también conllevó la búsqueda de violación del derecho a la vida y a la integridad física de las mujeres, por lo que debe ser considerada como un crimen de lesa humanidad, y parte del genocidio.
Empero, en los pocos casos donde se ha exigido justicia por violación a derechos humanos en el período del enfrentamiento armado, los mismos han sido desestimados.
Tal es el caso de la acusación por ese delito contra el ex comisionado militar -durante la represión- Cándido Noriega, quien fue absuelto por esta acusación y condenado por otras violaciones, también cometidas en el marco del conflicto armado.
A criterio de Montes, ni siquiera en los informes de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH), ni en el de Recuperación de la Memoria Histórica (Remhi), se investigó a profundidad el tema, puesto que no hay datos que evidencien la magnitud del crimen y tampoco se elaboraron conclusiones al respecto.
La experta en derecho explicó que el delito está reglamentado en la legislación nacional e internacional, ya que existen distintas categorías penales, sin embargo, es el sistema de justicia el que no permite que las mujeres accedan a éste, debido a los criterios que desvalorizan y discriminan el tema.
«No hay voluntad real, ni apertura a trabajar con la misma importancia que otras violaciones a los derechos humanos en Guatemala», argumentó Montes.
Incluso, en la atención que proporciona el Programa Nacional de Resarcimiento, las sobrevivientes de violencia sexual no reciben atención integral, solo son beneficiadas con cierta cantidad de dinero.
En silencio
A criterio de Mayra Alvarado de la Unión Nacional de Mujeres Guatemaltecas (Unamg), el número de casos sobre violencia sexual que se han llegado a conocer, gracias a la labor de organizaciones sociales que trabajan con las sobrevivientes, apenas representaría un 2%.
María José Pérez, representante de Actoras de Cambio, considera que, pese a que los vejámenes se cometieron hace décadas, las mujeres continúan sin hablar al respecto porque la culpa no recae sobre el victimario, sino sobre la víctima.
«Existe todo un proceso de estigmatización contra las mujeres que fueron violadas, no solo durante el conflicto armado, sino también en la actualidad. Para las mujeres implica un gran esfuerzo decir que son sobrevivientes y llevar las marcas físicas en sus cuerpos», apuntó.
El informe de Remhi da cuenta que, en las violaciones a derechos humanos, las mujeres representan aproximadamente un tercio de las víctimas.
En ejecuciones arbitrarias un 23%.
En privaciones de la libertad, un 21%.
En desaparición forzada, representaron el 12%.
En la violación sexual, sin embargo, el porcentaje de víctimas mujeres representa el 99% de los casos registrados, afectando a un total de 1.465.
Pese a la falta de datos certeros, se sabe que se produjeron 626 masacres, cuyo saldo fue de, al menos, 200 mil víctimas directas, en donde la violencia sexual fue el patrón utilizado por el Ejército antes y durante los crímenes.