Además de que ya se acepta que el mundo entró en recesión, ahora economistas como Paul Krugman, el último Premio Nobel de Economía, advierten que estamos entrando en una etapa de depresión y no hay signos de que estemos siquiera llegando al final del agujero provocado por esta crisis. Ayer los ejecutivos de la industria automotriz de los Estados Unidos llegaron al Congreso de los Estados Unidos a pedir un paquete de ayuda económica y recibieron severas reprimendas de muchos de los congresistas que consideran que los problemas de ese sector no son únicamente resultado de la baja en el consumo que afecta a toda la industria y el comercio, sino básicamente de administraciones erráticas y de sobrecostos de producción que hacen a General Motors, Ford y Chrysler poco competitivos frente a las pujantes empresas de Asia y Europa.
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Esta mañana en el New York Times se publica una columna de Mitt Romney, el afamado empresario dedicado últimamente a la política y quien fuera precandidato a la presidencia en el Partido Republicano, en la que dice que la única solución que tiene la industria del automóvil en Estados Unidos es dejar que vayan a la quiebra para que, acogidos al capítulo once, inicien un proceso de reestructuración que les permita, entre otras cosas, renegociar con los trabajadores y con proveedores para reducir costos que él considera inflados. Simplemente, según dice, para financiar las pensiones de los trabajadores de la industria automotriz, cada carro que produce Estados Unidos tiene un sobreprecio de dos mil dólares que va directo al fondo de pensión que, por supuesto, también beneficia a los altos ejecutivos que se benefician con lo que se conoce como paracaídas de oro y multimillonarias pensiones.
Romney dice que dar dinero a los tres gigantes de la industria automotriz es tirarlo a la basura porque de continuar con las malas prácticas administrativas que les caracterizan hoy, el colapso vendrá tarde o temprano con o sin recesión o depresión.
El caso es que todos los analistas económicos ven que la espiral sigue dándose y que la baja en el consumo, con los índices publicados hoy que son los más bajos de las últimas décadas, se reducirá la producción y ello aumentará el desempleo lo que, a su vez, generará menores consumos en los meses próximos y nuevamente más despidos tanto en la industria como en el comercio y el sector de servicios.
Las condiciones de la economía no permiten al día de hoy hacer muchas previsiones para los próximos meses, aunque una cosa que el mismo Krugman dice es que en épocas como ésta la disciplina fiscal que siempre es una virtud, se vuelve un vicio porque impide que el Estado juegue su papel para incentivar la reactivación económica. También dijo en su última columna publicada en el New York Times que en economía la modestia y la prudencia son encomiables, pero en las condiciones de crisis, es mejor equivocarse por hacer más de la cuenta que por dejar de hacer y que eso es lo que tiene que guiar a los economistas que tienen responsabilidades.
Uno quisiera que nuestras autoridades en materia económica dedicaran ahora mucho tiempo a estudiar lo que piensan esos grandes conocedores para al menos entender lo que nos espera.