Riesgo de nuevos enfrentamientos


Los habitantes del Sinaí­ se sienten satisfechos por operativos policiales recientes.


Bajo una tienda de campaña, un beduino del Sinaí­ se declara orgulloso de las recientes tomas de rehenes de decenas de policí­as egipcios, como represalia por la muerte de cuatro beduinos.

«Ha sido la primera vez en Egipto, puede que incluso en el mundo», presumí­a el joven de la tribu Tarabin, que pidió el anonimato. «(Los policí­as) tení­an mucho miedo y se peleaban por besarnos los pies», concluyó.

Estos incidentes de la semana pasada constituye un nuevo episodio de la tensión secular entre los beduinos y las autoridades egipcias y seguramente tendrán una respuesta, ya que estas últimas no piensan dejarlos impunes.

La muerte por la policí­a de un presunto traficante de drogas beduino, el pasado 10 de noviembre, fue la gota que hizo desbordar el vaso, pero el clima ya estaba crispado por la muerte de otros tres nómadas cuyos cadáveres fueron arrojados por las autoridades a un basural.

Al dí­a siguiente de la muerte del presunto traficante, centenares de personas sitiaron las comisarí­as de Al Madfuna, cerca de la frontera de la desértica pení­nsula del Sinaí­ con Israel, y se llevaron a once policí­as.

En Wadi el Azareq, también en el Sinaí­, fueron retenidos 40 policí­as,liberados 24 horas más tarde, en un estado de conmoción y con heridas leves, según las fuentes médicas.

Los beduinos aprovecharon para llevarse 72 armas automáticas y 20 mil balas, además de dos walki-talkis y dos pares de prismáticos con visión nocturna.

Otros 25 policí­as, que habí­an sido enviados como refuerzos a la zona, estuvieron secuestrados durante un breve periodo y abandonados luego en el desierto.

«Les hemos enseñado que somos mejores que ellos sin tener que matar a nadie», estimaba el joven beduino, aunque reconocí­a que «se zarandeó un poco» a los 40 agentes capturados en Wadi el Azareq.

El viernes, varios miembros de la tribu Tarabin se reunieron en la pequeña ciudad Jeque Zuayyed para llorar la muerte de sus prójimos a manos de una patrulla egipcia en la frontera con Israel.

Más que su muerte, lo que ha molestado a los habitantes de la pení­nsula es la manera en que fueron tratados sus restos.

Los cadáveres se encontraron, con la información proporcionada por los soldados israelí­es en su lado de la frontera pocas horas después de su muerte, semienterrados en un vertedero.

«Es realmente insoportable lo que han hecho con sus cuerpos», dijo Bachir el Orjani, hermano de Ahmed, uno de los tres beduinos asesinados.

«La policí­a sólo hace esto en el Sinaí­. Nos tratan como a invasores, como si les hubiéramos usurpado sus tierras», denunció.

Un responsable de la policí­a reconoció los hechos pero no quiso dar más explicaciones. Según las autoridades, los tres beduinos estaban armados y habí­an abierto fuego contra la policí­a tras negarse a detenerse en un puesto de control.

Los padres de los tres muertos afirmaron que sus hijos nunca habí­an tenido problemas con la policí­a.

Dos de ellos trabajaban en Dahab, una estación balnearia del mar Rojo, y habí­an obtenido un certificado de buena conducta de la policí­a para facilitar su desplazamiento en el Sinaí­, según sus allegados.

«Si no juzgan a los policí­as (responsables de los hechos), habrá una respuesta. Una respuesta muy dura», habí­a advertido Bachir.

Pero las autoridades tampoco parece que piensen quedarse de brazos cruzados.

«La policí­a tomará medidas muy severas», afirmó una fuente de los servicios de seguridad. «Están previstas varias detenciones», advirtió otra.

Los enfrentamientos, a veces mortales, son habituales entre la policí­a y los beduinos, divididos en una quincena de clanes en el Sinaí­.

Tras los sangrientos atentados perpetrados entre 2004 y 2006 en varias estaciones balnearias del mar Rojo se desencadenó una violenta represión en la región.

Hasta ahora, todas las tentativas de acercamiento entre El Cairo y los clanes beduinos han fracasado.