Ayer, el canciller guatemalteco anunció que los gobiernos de Centroamérica están solicitando una reunión con el presidente electo de los Estados Unidos, Barack Obama, con la cual buscan abordar temas de interés entre los que se incluye «revisar el Tratado de Libre Comercio».
No he tenido oportunidad de escuchar de parte del Gobierno qué es exactamente lo que les interesa revisar en torno al TLC con la nación norteamericana. Sin embargo, las organizaciones que dan seguimiento al impacto a este acuerdo comercial, han sido informadas del interés del próximo presidente de EE.UU. por una renegociación del acuerdo comercial.
Al parecer, hay dos capítulos del TLC que son de interés para el nuevo gobierno estadounidense. Son los referidos al medio ambiente y derechos laborales. La razón es que las exigencias que EE.UU. impone a sus empresas en materia medio ambiental y laboral, son más rigurosas a las de nuestro país. Esto estimula que más inversionistas norteamericanos pongan sus ojos en nuestra región.
Este incentivo que tienen las empresas norteamericanas para invertir en nuestro país -que desde ningún punto de vista es meritorio- obviamente no conviene al país del norte. Cuando estos se enfrentan a una recesión, lo último que quieren es que sus empresas se vayan del país y así reducir los empleos para su población.
De manera que lo que EE.UU. quiere en la renegociación es que se cumplan o se hagan más estrictas las normativas, por parte de los gobiernos centroamericanos, en materia laboral y de protección al medio ambiente.
El papel de nuestros gobiernos durante la negociación del acuerdo comercial fue de entrega de los recursos de nuestro país, y de nuestra soberanía nacional. No hubo una posibilidad de anteponer los intereses de la población nacional.
Por ello, ante el actual interés de nuestros gobiernos de revisar el acuerdo comercial con EE.UU., se hace el llamado a hacer prevalecer el interés de nuestra población ante las crisis que en nuestro país estamos padeciendo.
Si EE.UU. busca evitar la fuga de inversión en su país a través de restricciones ambientales y de derechos laborales ¿no puede Guatemala hacer prevalecer su interés de evitar que se siga agravando la crisis por falta de seguridad y soberanía alimentaria?
La desregulación arancelaria, particularmente de productos agrícolas, ha desarmado la producción campesina destinada a la alimentación de nuestra población, y nos hemos convertido en una economía dependiente de la importación de alimentos como el maíz amarillo, arroz y trigo. Sumado a ello, la concentración de las importaciones de estos productos ha provocado que los precios de alimentos tengan un alza más desmedida.
El paradigma del libre comercio me parece que está desechado junto con el modelo neoliberal. Sin embargo, mientras no existan condiciones para liberarnos de estas negociaciones y tengamos la visión de generar otro tipo de relaciones entre los países, lanzo la invitación a los funcionarios, que al menos defiendan el derecho humano a la alimentación, y pidan el retiro de los granos básicos del TLC con los EE.UU.