Indemnización autorrecetada


El guatemalteco olvida normas de buen actuar. Referente a generaciones anteriores, porque las actuales el bajón es descomunal. Por eso el actual estado de cosas tiene asimetrí­as que confluyen en direccionamiento hacia el total despeñadero, o barril enorme sin fondo, a la espera de las mismas.

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

Sucede algo inverosí­mil por tanto suceso fuera de lo correcto, ético y legal; el asombro ya no da para más. Esa misma incapacidad de honestidad y sí­ de ambición, son pautas nunca vistas. Empero, al final concluye el connacional impávido en alto grado conviviendo con ellas; habrase visto, no hay derecho.

Entre las acciones increí­bles pero ciertas, ocurren éstas ubicadas en las alturas. De esto cualquier persona de a pie lo rechaza firmemente, además, expresa una crí­tica severa. Tal el sonado escándalo de las indemnizaciones autorrecetadas por magistrados integrantes de las diversas cortes existentes.

Sin excepción alguna, a la cabeza la de Constitucionalidad, seguida de la Corte Suprema de Justicia, el Tribunal Supremo Electoral y Procuradurí­as. Ni una palabra más, ni una menos, están alineados con propósitos mancomunados.

Tras el asombro de rigor que nubla a veces las entendederas de corte populista, sobreviene la decepción y desesperanza. A donde dirija la mirada el hijo del pueblo encuentra un panorama negativo. El sucesivo desconsuelo invade y crece conforme transcurre el tiempo envolvente y a ritmo acelerado en demasí­a.

Elementales criterios puntualizan frontalmente que si los magistrados, electos para un perí­odo determinado, al concluirlo no hay por qué reciban indemnización: Dado que la relación laborar se descontinúa y finaliza al momento preciso de vencer dicho perí­odo. Por lo tanto no se justifica la indemnización cuantiosa.

La situación semeja el enfrentamiento entre David y Goliat de que habla la Biblia El primero de los nombrados es el contribuyente, auténtico ciudadano, carente de posibilidades; en tanto el segundo representa el poder, la fuerza imponderable y por encima de todo, la sin razón palpable y real.

Hace varias calendas que ocurren tales indemnizaciones autorrecetadas, causantes de rechazos e inconformidad de los gobernados. Quienes aunque enmudecen en ciertas ocasiones, otros vuelven con denuedo a protestar por esos mecanismos en mención que absorben miles de miles de devaluados quetzales de los contribuyentes.

Viene a cuento la aludida cuestión, originada por las tristemente famosas y célebres indemnizaciones autorrecetadas. Dentro del sistema vigente resulta difí­cil por no decir imposible, ubicar la instancia respectiva a donde dirigirse para que atienda y resuelva lo conducente a la mayor brevedad posible.

En ese sentido y otras de similar í­ndole, color de hormiga, existen circunstancias calificadas como versiones suavizantes. Sobre todo, llamadas a solucionar el cúmulo de callejones sin salida aparente en la actualidad. De eso está saturado el acontecer cotidiano, ansioso de revertir acciones indebidas, sí­ señores.

No se descarta hoy en dí­a, cuando el guatemalteco se topa aquí­ y allá con infinidad de problemas, que esas pretensiones logradas al final, de indemnizaciones al margen de la honestidad y vergí¼enza, tengan seguidores a granel. Es decir en todos los cargos de elección popular que subyacen, también reclamen esos emolumentos.