Los cortadores de caña


Un estudio sobre las condiciones laborales de los trabajadores en la industria azucarera, apunta que la producción de azúcar es uno de los negocios más rentables en Guatemala, sin embargo, éste se beneficia de la explotación de los trabajadores, principalmente indí­genas: hombres, mujeres y niños pobres del Altiplano.

Ligia Flores
lahora@lahora.com.gt

Según datos de la Asociación de Azucareros de Guatemala (Asazgua), durante la época de zafra se generan unos 33 mil empleos temporales, pero éstos son absorbidos bajo condiciones poco favorables para los trabajadores, ya que la mayorí­a de ellos no logra contratos por escrito, que les permitan identificar claramente el tiempo de empleo, la naturaleza del trabajo y las condiciones de pago.

El investigador Byron Garoz, autor del documento «Lo amargo del azúcar: las condiciones laborales en la industria azucarera en Guatemala», señala que «el tema de los derechos laborales en este contexto, es uno de los que más se ha soslayado, porque todo el mundo sabe lo que pasa, pero no se denuncia».

Vida productiva corta

La investigación de Garoz, realizada entre 2007 y el primer semestre de 2008, indica que las intensas y rigurosas jornadas laborales de más de 12 horas durante la zafra, exigen de las y los trabajadores un esfuerzo casi sobrehumano, que les genera un desgaste fí­sico indescriptible, por lo que la vida «productiva» de un trabajador no es muy amplia.

«En el corte de caña la vida productiva es sumamente corta, dura entre seis y ocho años. La gente que empieza a trabajar a los 14 ó 16 años, en ocho años ya está fuera; es uno de los trabajos más duros, la gente que va allí­ es porque no tiene otras opciones», señaló Garoz.

De acuerdo con el documento, una persona mayor a los 30 años es considerada «vieja para el corte de caña». El texto indica que se considera que el «pico» del rendimiento de un cortador o cortadora de caña está entre los 19 y 32 años.

Dieta y sueros al gusto

Testimonios de trabajadores dan cuenta que un dí­a habitual para los cortadores de caña inicia a las cuatro de la madrugada y se prolonga hasta el final de la tarde. Durante ese lapso, se alimentan con la comida que es trasladada hasta el sitio del corte.

«La industria azucarera indica que la dieta ha sido mejorada y adecuada al gusto de los trabajadores, sin embargo, cuando se les entrevistó coincidieron en que en muy raras veces se les proporciona pollo o carne», refirió Garoz.

Según la investigación, los empleadores proveen a los trabajadores de sueros hidratantes producidos por ellos mismos y vendidos a bajo costo, los cuales contendrí­an una droga llamada «tiamina» y otras, para que los empleados resistan las jornadas de trabajo en las condiciones desgastantes.

«EL USO DE DROGAS PARA LA PRODUCTIVIDAD SE DA. LOS TRABAJADORES CONSUMEN DROGAS, YA QUE ES LA íšNICA FORMA EN QUE AGUANTAN; TOMAN PASTILLAS LLAMADAS «SIN SUEí‘O» Y TIAMINAS», APUNTí“.

En este tipo de trabajo, los accidentes son comunes, generalmente se hieren con machete, reciben mordeduras de serpiente y quemaduras, además, carecen de equipo de protección adecuado.

«A veces en el área de trabajo hay un botiquí­n de primeros auxilios, tiene pastillas, pero son vendidas; allí­ no se regala nada», sostuvo el entrevistado.

Niñez y mujeres

Las jornadas laborales durante la zafra son extremadamente desgastantes, por lo que el hombre recibe ayuda del resto de la familia, que viaja en conjunto.

La investigación refiere que para ajustar el ingreso familiar los niños y niñas trabajan, «van juntando la caña y hacen los montones».

Garoz indicó que han tenido el conocimiento, a través de conversaciones con trabajadores, de casos donde los niños son quienes irrigan los plaguicidas, fungicidas y otros venenos, en las plantaciones.

«La gente de Azasgua dice que desde hace tres años se tiene la directriz de no contratar niños para cumplir con estándares internacionales, pero no es verdad, los niños trabajan como ayudantes o son contratados», aseveró el investigador.

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, la invisibilidad del trabajo infantil indí­gena se relaciona con las peores formas de trabajo infantil. «Es decir, constituye formas ocultas o invisibles, ilegales y hasta de naturaleza delictiva, lo que dificulta su investigación».

Senaida Cosagua, miembro del Comité de Unidad Campesina, CUC, originaria de la Costa Sur, contó que entre los cuatro y seis meses que dura la zafra (entre noviembre y abril), las mujeres son contratadas para la preparación de los alimentos y generalmente viajan como acompañantes de los esposos, sin embargo, muchas veces no reciben el pago por el corte de caña.

«El trabajo no es valorado como el del hombre. No es reconocido igual, porque les pagan barato, entre Q25 y Q30, sin importar cuánto corten», dijo Cosagua.

ZAFRA


Azasgua afirmó recientemente que los 15 ingenios que funcionan en el paí­s, esperan una súper zafra de más de 48 millones de quintales de azúcar para la cosecha 2008/2009, y superar el récord de 47.1 millones de quintales de la cosecha 2006/2007.

Guatemala es el quinto exportador mundial de azúcar, cuyas ventas habí­an generado divisas por US$350.2 millones a octubre de este año, una baja del 27.6 por ciento con respecto a los US$483.5 millones obtenidos en igual periodo de 2007, según el Banco de Guatemala.

La mayorí­a de la población trabajadora en la zafra está conformada por indí­genas y ladinos pobres del altiplano, aunque también las familias de la Costa Sur se emplean.

Un «buen» trabajador, en promedio, corta seis o siete toneladas diarias de caña quemada al dí­a.

Para ganar, según Azasgua, un promedio de Q2,500.00 al mes, deberá generar unas 12 toneladas al dí­a, ya que la tonelada se paga a Q7.00.