Ayer el Presidente de la República dijo que el problema de la seguridad es más grave de lo que había previsto y pidió a la población paciencia mientras avanzan los cambios en la Policía Nacional Civil. Los únicos que pueden tener paciencia en Guatemala son los muertos, porque todos los vivos sentimos la angustia de una violencia incontenible que cada día siembra más zozobra.
Es cierto que la forma en que el crimen organizado penetró a las fuerzas de seguridad es alarmante y que en muchos casos estamos en manos del enemigo porque quienes debieran brindarnos seguridad están al servicio de las mafias, sobre todo del multimillonario narcotráfico. Pero todo eso era sabido y no constituye realmente un descubrimiento hecho por el Gobierno en estos últimos meses, puesto que basta recordar incidentes como el asesinato de los diputados del Parlamento Centroamericano para darse cuenta hasta qué punto ha estado penetrada la Policía Nacional Civil.
El simple estudio de ese caso permite confirmar que desde hace mucho tiempo nuestras fuerzas de seguridad están comprometidas con el crimen organizado y múltiples hechos posteriores corroboran fehacientemente la tesis. En La Hora venimos repitiendo desde la fundación de la PNC que no se puede reciclar a seres humanos maleados por las circunstancias y que fue un grave error de procedimiento pensar que con el cambio de imagen (uniforme, insignias y nombre) cambiaría la estructura de nuestra policía.
Podemos encontrar muchos elementos que confirman lo dicho por el Presidente en el sentido de que la vanguardia de la lucha contra el crimen está en complicidad con los criminales. Pero cabalmente cuando él como candidato ofrecía que la violencia se enfrentaba con inteligencia se supone que era de eso de lo que estaba hablando.
Puede tener razón el Presidente en el diagnóstico de la realidad, pero no la tiene al pedirle paciencia a quienes están en riesgo de muerte por la falta de condiciones propicias que el Estado está en la obligación de garantizar. La comunidad internacional ha visto con buenos ojos los nuevos nombramientos en la PNC y confían que es un paso en la dirección correcta, pero tristemente no podemos tener paciencia y el Gobierno y los funcionarios tienen que correr porque cada vida que se pierde es demasiado.
Como ciudadanos le pedimos al Presidente que nos pide paciencia que se ponga también él en los zapatos del hombre de la calle. Y le pedimos que sea impaciente al demandar de su equipo resultados concretos y avances serios en la depuración. En todo caso es un problema que no le heredaron de gratis: él compitió reiteradamente para hacerse cargo del mismo.