Rebelión avanza hacia ciudad estratégica


Soldados congolenses atienden a compañeros por heridas sufridas en enfrentamientos.

Los hombres del general rebelde tutsi Laurent Nkunda se encontraban hoy a las puertas de Kanyabayonga, ciudad estratégica en el este de la República Democrática de Congo (RDC), tras haber avanzado al menos 20 km sin encontrar oposición del ejército congoñelo.


«Estamos en la entrada de Kanyabayonga», afirmó el portavoz del Congreso Nacional por la Defensa del Pueblo (CNDP, rebelión), Bertrand Bisimwa, contactado por teléfono desde Kinshasa.

Según dos fuentes independientes, los rebeldes se encontraban anoche a menos de 10 km al sur de Kanyabayonga.

El avance rebelde se efectuó prácticamente sin combates dado que los soldados del ejército congoleño ya habí­an huido, según Bisimwa.

Kanyabayonga, ciudad situada a unos 100 km al norte de Goma -capital de la provincia de Kivu Norte- habí­a sido a principios de semana escenario de saqueos y atrocidades a gran escala cometidos por soldados congoleños, descontentos y aterrados tras la decisión del ejército de efectuar un repliegue operacional.

«La situación está tranquila», dijo el portavoz rebelde. «Podemos ver que nuestros adversarios todaví­a huyen», añadió.

Las principales carreteras de Kivu Norte convergen en Kanyabayonga, que cierra al acceso al norte de la provincia.

Los rebeldes de Nkunda, que durante dos semanas han estado a 15 kilómetros de Goma, ya controlan el pueblo de Mirangi, la última comunidad de camino a Kanyabayonga, dijo una de las fuentes independientes.

Hoy no se pudo contactar al portavoz de la misión de la ONU en RDCongo (MONUC) con sede en Kanyabayonga.

Ayer, la MONUC habí­a acusado a los rebeldes de forzar a miles de desplazados a escapar de un campamento de refugiados.

Varios miles de civiles habí­an intentado refugiarse cerca de una base de la MONUC en Kiwanja, a unos 80 kilómetros al norte de Goma, para evitar enfrentamientos entre los rebeldes y las milicias progubernamentales.

«La MONUC ha observado que desde ayer (martes) por la tarde la gran mayorí­a de desplazados que buscaban refugio en los alrededores de la base de Kiwanja procedí­an del campamento temporal», dijo la portavoz de la MONUC Sylvie Van Der Wildenberg.

«Tememos que hayan forzado a esta gente a volver» a sus casas, dijo agregando que la MONUC tení­a informes que indicaban «que el CNDP les habí­a dicho que abandonaran la zona».

«Si fuera así­, constituirí­a una violación de la ley internacional», concluyó.

Los rebeldes tomaron Kiwanja el 5 de noviembre y comenzaron una incursión terrestre para eliminar a la milicia progubernamental mai-mai, a la que acusaban de haber atacado a la población local.

Citando fuentes locales según las cuales los rebeldes habí­an buscado a «colaboradores enemigos», la ONG Human Rights Watch afirmó al menos 50 civiles habí­an muerto.

Por su parte, el gobierno de Kinshasa prometió castigar a los soldados que cometieron saqueos y atrocidades en localidades de la región de Kanyabayonga.

«Todo el que cometió actos de violencia serán castigado», declaró el portavoz gubernamental Lambert Mende.

La MONUC dijo que los soldados del ejército congoleño participaron el lunes y el martes en «los brutales actos de saqueo contra la población local de la zona de Kanyabayonga», añadiendo que tres de los saqueadores habí­an muerto.

EJí‰RCITO


El ejército congoleño, distinguido por sus continuas derrotas ante los rebeldes de Laurent Nkunda, su indisciplina y sus atrocidades, es una improbable amalgama de soldados y ex insurgentes, mal pagados y con mando desorganizado.

Tras su humillante desbandada del 29 de octubre, cuando los rebeldes llegaron a las puertas de Goma, la capital de Kivu Norte, el ejército congoleño volvió a hacerse notar esta semana por unos saqueos en esa provincia del este de la República Democrática del Congo (RDC) que dejaron el campo libre a los insurgentes para avanzar varias decenas de kilómetros.

Descontentos por haber tenido que abandonar sus posiciones sin haber sido pagados, los soldados dieron rienda suelta a su ira, sembrando el pánico en un ambiente caótico al que contribuyeron también rumores de ataques por parte de los rebeldes.

«La desorganización más total reina actualmente en los mandos de las FARDC» (las Fuerzas Armadas de la RDC) en Kivu Norte, constata con abatimiento una fuente diplomática occidental.

Los militares «están dejados de la mano de Dios, los mandos se sienten aislados, toman malas decisiones y tienen la impresión de haber sido abandonados por Kinshasa. Su moral está por los suelos y el estado mayor no tiene ni los medios para rearticular su dispositivo», añade el diplomático.

Para los expertos, el gobierno de Kinshasa tiene una enorme dificultad en controlar a su ejército en un paí­s de 2,3 millones de kilómetros cuadrados en el que las comunicaciones son difí­ciles.

Las autoridades militares congoleñas, por su parte, se niegan a hacer declaraciones sobre estos temas.

«El ejército (congoleño) está en una situación muy difí­cil», reconoce el portavoz militar de la misión de la ONU en la RDC (MONUC), el teniente coronel Jean-Paul Dietrich.

Oficialmente integradas por 125 mil hombres, las FARDC sufren de una corrupción endémica, si bien los soldados de sus 18 brigadas «integradas» -o sea, 45 mil hombres- logran cobrar su salario mensual, que asciende a unos 65 dólares.

En el frente, los fondos destinados al avituallamiento de las tropas se volatilizan a menudo por lo que los soldados se ven empujados a saqueos y robos.

Las acusaciones contra el ejército congoleño no son nuevas. En 2007, la MONUC señaló que el 40% de las violaciones de derechos humanos cometidas en la RDC las perpetraron las FARDC.

«Mal entrenados, poco disciplinados, frecuentemente no pagados y ni tan siquiera con lo esencial», los soldados gubernamentales cometen numerosos crí­menes durante sus saqueos», denunció la organización Human Rights Watch (HRW).

Ejecuciones sumarias, arrestos arbitrarios, violencias sexuales y saqueos: la lista es larga, según HRW y Amnistí­a Internacional, especialmente en la situación de conflicto que vive desde hace años Kivu Norte, donde las FARDC tienen destacados unos 26.700 militares, 12 mil de ellos soldados «integrados».

Las FARDC son las herederas de las tristemente famosas FAZ (Fuerzas Armadas Zaireñas) del presidente Mobutu, temidas como la peste por los congoleños por sus abusos y atrocidades.

Tras las Fuerzas Armadas Congoleñas (FAC) de Laurent-Désiré Kabila, las FARDC se crearon al final de la guerra entre 1998 y 2003. Las forman soldados regulares y milicianos aliados congoleños.