La elección del senador Barack Obama a la Presidencia de Estados Unidos no sólo ha repercutido en casi todo el planeta, sino que, asimismo, ha servido para que se publiquen miles de artículos de opinión en los periódicos de los cinco continentes.
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Los comentarios abarcan disímiles aspectos relacionados con las causas y consecuencias de la elección del sucesor del presidente George W. Bush, así como los ejes de la política económica e internacional del gobernante que asumirá el 20 de enero próximo, incluso sus eventuales vínculos con América Latina.
Entre las decenas de artículos que he leído por Internet, me llama la atención uno escrito por el analista político Luis ílvarez y divulgado por la agencia IPS, que se inicia con este intenso párrafo: «Blancos y negros, ex guerrilleros y ex militares, curas y laicos, políticos y neófitos en estas lides; hombres y mujeres, jóvenes y otros que no lo son tanto, liberales y conservadores, sindicalistas y empresarios… De eso y más se puede ahora encontrar entre los gobernantes a lo largo y ancho del mundo».
En lo que concierne a América Latina -agrego por mi parte- se cuenta al presidente brasileño Ignacio Lula da Silva, quien antes de asumir el poder fue minero y dirigente sindical; mientras que en Bolivia, el nada ortodoxo Evo Morales, de origen indígena, batalla diariamente por controlar su gobierno ante la virulencia de sus adversarios, y hace pocas semanas asumió la Presidencia de Paraguay el obispo católico Fernando Lugo.
Huelga decir que el teniente coronel Hugo Chávez preside el gobierno Bolivariano de Venezuela, el joven economista Rafael Correa es el popular mandatario de Ecuador, en tanto que en Argentina y Chile son mujeres las que ostentan la Presidencia de sus respectivos países, siendo ellas Cristina Fernández de Kirchner y Michelle Bachelet.
El ex comandante guerrillero Daniel Ortega hace lo propio en Nicaragua y se presume que dentro de poco tiempo, después del proceso eleccionario -por supuesto-, el Presidente de El Salvador será el periodista Mauricio Funes.
Como puede advertirse con esos ejemplos, hay presidentes para todos los gustos, aunque los que he mencionado son de inclinación izquierdista, algunos moderados y otros un tanto radicales, sin haber anotado el nombre del gobernante cubano ni el del presidente de Uruguay, entre otros.
Por su parte, el analista Marcos Sibaja lanza una reflexión muy particular, al enunciar que si hubiesen tenido la oportunidad de votar en Estados Unidos, los latinoamericanos habrían apoyado ampliamente al demócrata Barack Obama, pero se pregunta ¿estarán los países de la región listos para elegir un presidente negro?, como el caso de Brasil donde la población negra representa el 50 % de la totalidad.
Priva la coincidencia al afirmarse que el racismo en las sociedades de la región atenta contra el ascenso de los negros y los indígenas (con la excepción de Bolivia) en las instancias de toma de decisiones, aunque no faltan aquéllos en los que el ejemplo en Estados Unidos podría propiciar un cambio de actitud, y en este contexto el sociólogo brasileño José Vicente, rector de la Universidad Ciudadana Zumbi dos Palmares, al referirse al resultado eleccionario norteamericano, señala que se observa una contradicción en el continente, puesto que un país donde los negros representan el 13 %, eligió a un afronorteamericano de Presidente, mientras que en Brasil y en la República Dominicana no ocurre el mismo fenómeno, y ni siquiera en Cuba los negros ocupan posiciones de poder en alta escala, salvo una que otra rara excepción.
En Europa también aplaudieron la elección del senador Obama, pero es sumamente difícil -o imposible- que en un futuro cercano un negro sea elegido primer ministro de Gran Bretaña o un descendiente de turcos se convierta en canciller de Alemania, sobre todo por el clima de hostilidad que priva contra los inmigrantes.
En pocas palabras, en casi todo el mundo se elogia la elección presidencial de un político miembro de una minoría en Estados Unidos, pero son pocos los países que aprenderán la lección.
(Romualdo me cuenta que, cuando salió exiliado, un dictador militar latinoamericano quiso viajar a Israel, para averiguar quién había ejecutado al Mar Muerto).