Un sistema nacional de transparencia


Jamás el paí­s estuvo tan preparado como en el año 2004 para realizar la más profunda transformación en el tema de la probidad y combate a la corrupción. Al margen de las razones que lo generaron, el hecho cierto es que nunca en la historia del paí­s se habí­a escrutado tanto el manejo de los fondos públicos como con el gobierno de Portillo y es indiscutible que el resultado fue un claro mandato del pueblo de Guatemala al elegir a í“scar Berger simple y sencillamente porque a la gente le pareció honrado.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Era el momento de crear un sistema nacional de transparencia, de absoluta rendición de cuentas de todos los funcionarios públicos y oportunidad para modificar procedimientos administrativos diseñados cabalmente para facilitar el escamoteo de los fondos públicos. Sin embargo, la verdad es que nada se hizo y fuera de una torpe acción penal contra Portillo y acciones de revancha contra funcionarios de su gobierno, Berger y su gente ignoraron el mandato de los guatemaltecos para transparentar la gestión pública y todo quedó intacto.

Las condiciones hoy son idénticas a las que habí­a hace cuatro años y a las que tení­amos hace ocho años. Fuera del portal de Guatecompras que ha sido seriamente cuestionado, no hay en realidad ningún avance en la fiscalización y la rendición de cuentas sigue siendo inexistente en el paí­s. Estoy convencido que este es un juego que les conviene a casi todos, porque en medio de esos procedimientos administrativos tan turbios, pueden hacer plata no sólo los funcionarios pí­caros, sino también los empresarios que saben cómo mover la melcocha. Por eso es que el sistema no ha sido cambiado y por eso no escuchamos presiones para que lo cambien, porque al final se trata de un juego en el que muchos ganan, sobre todo de los que más influyen y deciden.

A otros les conviene el relajo porque les sirve de pretexto para objetar la necesidad de pagar impuestos. Y con el argumento de que no hay que tributar porque el dinero se lo roban, se permiten robarse ellos el dinero que tendrí­a que entrar a las arcas nacionales para financiar el desarrollo.

El problema central de Guatemala está en la ausencia de mecanismos de control y sobre ese tema no se profundiza ni se quiere trabajar seriamente. Hace años que vengo diciendo que las normas que rigen a la Contralorí­a de Cuentas son no sólo anacrónicas, sino inútiles en la práctica porque apenas si permiten que se persiga a un tesorero municipal de recóndita jurisdicción porque los ministros y altos funcionarios tienen que ser muy babosos para dejarse agarrar.

Repito que por ser un juego que beneficia a muchos, tanto polí­ticos como particulares, tanto funcionarios como empresarios, resulta sólido e inamovible porque no hay reales intereses por cambiar las cosas. Entre meterse a una cruzada por forzar a la transparencia y el real combate a la corrupción y mantener otra contra el pago de impuestos, es obvio que resulta más fácil la segunda y también más conveniente.

Si Colom quiere dejar un legado contundente al paí­s, debe retomar aquel mandato que hace cinco años el pueblo le habí­a dado a Berger para entrarle de lleno al combate a la corrupción creando sistemas de rendición de cuentas y transparencia. Por lo menos le quitarí­a para el futuro bandera a quienes históricamente han objetado toda reforma fiscal.