Las diferencias por el programa de Cohesión Social entre el Gobierno y otros sectores de la sociedad se han exacerbado ahora con la discusión del Presupuesto y de los cambios fiscales que había negociado el Ministerio de Finanzas con el sector privado y al que los empresarios le dieron la espalda argumentando que hay nuevas condiciones en la crisis mundial. Lo cierto del caso es que la controversia está en ruta de provocar choques irreparables porque está subiendo el tono y se incurre en excesos de uno y otro lado.
Ya en anterior ocasión señalamos que nos parece impropio que los medios de comunicación recurran al insulto, expresado entre otras cosas en caricaturas francamente ofensivas y sin mensaje edificante, lo que ha generado reacciones también impropias del Gobierno, manifestadas en palabras del Presidente de la República que resultan poco comedidas y que vienen a echar más leña al fuego. En una situación de crisis como la que estamos empezando a vivir los guatemaltecos por efecto del deterioro de la economía mundial, lo que menos necesitamos es una pugna que confronte a sectores que debieran de estar preocupados por encontrar acuerdos que permitan trabajar juntos en la búsqueda de la salida más positiva para todo el país.
Por supuesto que se tiene que reconocer que hay una profunda carga ideológica en la confrontación, pero vemos que en otros países se logran acuerdos a pesar de las diferencias de ideología porque se tiene la madurez de anteponer los intereses nacionales a otras consideraciones. ¿Ganamos algo como sociedad si lo que se vislumbra para el futuro inmediato es un conflicto en el que las partes se aferran a posturas irreductibles?
Hay que entender que aun con acuerdos amplios y sacrificios compartidos vamos a vivir tiempos muy duros porque no podemos sustraernos de la crisis mundial y nos veremos afectados de manera muy directa con la reducción de exportaciones, baja en el incremento de las remesas enviadas desde el extranjero y frenazo importante en el flujo de turismo. Todo ello hará que nosotros también tengamos nuestra cuota de recesión y la misma parece que nos encontrará en medio de un pleito de todos los diablos entre el Gobierno y los empresarios, con la Prensa como caja de resonancia.
Un llamado a la cordura de todos, empezando por el responsable ejercicio de la libertad de expresión, es imperativo ahora para evitar que sigamos por esa senda de la descalificación y el insulto que ahonda las divisiones. La realidad del país es muy grave como para agravarla con pleitos que no aportan nada edificante.