Llevo tiempo de estar recibiendo opiniones telefónicas de oyentes del programa que conduzco por Emisoras Unidas los domingos de 6 a 8 de la noche (valga la propaganda) sobre quién sería el ganador de las elecciones norteamericanas de la semana pasada; la mayoría esperando cambios en su política internacional que se tradujeran en beneficios para Guatemala, en especial, en defensa de los derechos humanos de nuestros inmigrantes. En otras palabras, seguimos soñando y pidiendo, en vez de ponernos a trabajar duro, con inteligencia y honradez para desarrollar nuestro progreso y no solo vivir esperando la bondad y condescendencia de otros, para resurgir de la difícil situación por la que estamos atravesando.
Nuestro Vicepresidente y sus colaboradores acaban de pedir a los organismos internacionales y países extranjeros 500 millones de quetzales, ya fueran en efectivo o en especie para invertirlos en los departamentos más afectados por las inclemencias del invierno recién pasado y que el gobierno pondría igual cantidad, habiendo empezado a desembolsar dinero con ese propósito. ¿Acaso presentó un programa a desarrollar amplio y concreto? Cabe entonces preguntar ¿Cómo planificaron el presupuesto del año entrante, cuando la época lluviosa podría ser igual o peor?; ¿van a seguir en la misma actitud de solo reaccionar tardíamente ante el infortunio, dejando a la planificación y a la prevención de último?
Todo parece indicar que los chapines no tuviéramos la capacidad de entender que los gringos (y Obama también lo es) van a seguir pensando primero en su país, en su pueblo y en sus necesidades, más ahora en la difícil situación en que se encuentran. Ellos, mejor que nadie, saben que les urge crear o sustituir puestos de trabajo, prioritariamente para su gente y no para aquellas poblaciones que siguen luchando por realizar su «sueño americano». No pasamos de seguir haciendo discursos. Colom acaba de hacer uno en el de la Cumbre Iberoamericana diciendo que debía ponerse de moda la solidaridad y la cohesión social y eso a mí me parece excelente idea, sin embargo, ¿no se debiera empezar por respetar la institucionalidad, en vez de crear politiqueros programas, con cada vez más sofisticados nombres que impiden la transparencia, como la ejecución, fiscalización y control de multimillonarias sumas de dinero?
¿Qué estamos haciendo para que los nuestros no se vean forzados a emigrar? Todos sabemos bien que desde Franklin Delano Roosevelt a la fecha, solo el ex presidente Kennedy volteó sus ojos hacia Latinoamérica con su programa Alianza para el Progreso. Los demás, es cierto, nos han apoyado como han podido, siempre y cuando nos portemos bien y cumplamos con hacer las tareas que nos encomienden. Entendamos entonces que ya es hora de dejar de solo tender la mano en actitud pedigí¼eña sin hacer lo que solo a nosotros corresponde. ¿Hasta cuándo?