Una visita del embajador McFarland


Ya en su anterior misión en Guatemala habí­a conocido al embajador Stephen McFarland y ayer volví­ a verlo en el marco de una visita de cortesí­a realizada a La Hora, en el curso de la cual pudimos conversar sobre la situación de Guatemala y las perspectivas que se plantean ahora con el cambio que en enero ha de producirse en la conducción de los Estados Unidos tras la investidura del presidente Barack Obama.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Obviamente se trata de uno de los diplomáticos norteamericanos que más conocimiento han tenido de Guatemala al hacerse cargo de la jefatura de misión porque su experiencia en nuestros asuntos viene de tiempo atrás y también es un conocedor de América Latina en su conjunto por el desempeño de cargos importantes en paí­ses como Perú y Venezuela. Eso le permite tener una perspectiva más amplia de la que he podido apreciar en algunos de sus antecesores y por eso me llamó tremendamente la atención una expresión suya, al referirse a la situación guatemalteca, en el sentido de que existe la impresión de que el status quo no es una opción.

Yo durante muchos años he dicho que no entiendo cómo puede haber gente conservadora en lo polí­tico y lo económico en Guatemala cuando realmente no tenemos nada que conservar y sí­ mucho que cambiar para que el paí­s prospere y salga adelante. Nunca habí­a escuchado, en ese contexto, la expresión de que sostener el status quo no puede ser una opción en nuestro caso y cuando se la oí­ ayer al embajador McFarland me pareció un concepto muy preciso y concreto sobre todo lo que hay que hacer en un paí­s que tiene tan serios problemas en el campo del fortalecimiento institucional y en el que lo menos que podemos considerar de su Estado es que es uno sumamente frágil, para no decir que en algunos campos se presenta como fallido.

Evidentemente la crisis actual demanda de todos los sectores de la sociedad disposición para asumir cada quien su cuota de sacrificio. Le comentaba al Embajador que me preocupa el curso de las confrontaciones que se están dando actualmente sobre los temas del Presupuesto, la recaudación fiscal y la cohesión social, porque todo apunta a que se están afinando punterí­as para una lucha sin cuartel. Creo que el Gobierno, los empresarios, los sectores sociales y la prensa tienen que tener posturas de gran responsabilidad para encontrar el camino que el paí­s necesita. Y comparto plenamente el criterio expresado en esa frase que el Embajador soltó en la plática, en el sentido de que apuntalar el status quo no es una opción de cara a los desafí­os inmediatos del paí­s porque, repito, estoy convencido que es mucho lo que tenemos que cambiar, empezando por el sistema de justicia que no puede seguir siendo pilar de la impunidad que tanto conviene a los corruptos, a los evasores de impuestos, a los asesinos y miembros del crimen organizado. Y al final del dí­a todos se tapan con la misma chamarra y por ello es tan conveniente que subsista ese Estado frágil que no es capaz de cumplir sus fines y que tampoco puede exigir responsabilidad a los ciudadanos.

Apostar a mantener las cosas tal y como están es suicida porque vamos en ruta de un deterioro tal que en poco tiempo estaremos pasando del Estado frágil al Estado fallido. Pero puede más la codicia y el apego al dogma, aunque se haya demostrado su fracaso, que el patriotismo y la visión de futuro.