Un tribunal de Taiwán ordenó hoy la detención de Chen Shui-bian, quien fuera hasta este año Presidente de esa República, sindicado de lavado de dinero, enriquecimiento ilícito y asociación para delinquir. Fue cabalmente durante el gobierno de Shui-bian que los gobernantes de Centroamérica recibieron millonarios cheques que fueron a parar a sus cuentas personales y que eran un soborno burdo y descarado para garantizar las relaciones diplomáticas ante la ofensiva de China para establecerlas con los países de la región.
Chen Shui-bian, como todos los que están en su situación, alega que se trata de una persecución política y que todo se debe a que él es un ferviente promotor de la independencia plena de Taiwán, mientras que el gobierno actual está a favor de una estrecha cooperación con China. Lo cierto del caso es que la existencia de partidas para gastos confidenciales entre los taiwaneses no sólo sirvió para corromper más (si eso fuera posible) a los políticos de estas tierras, sino también para engordar la billetera del mismo Presidente de esa isla cuyo estatus internacional será decidido en los próximos años de manera directa entre Taipei y Pekín.
En el caso de Guatemala, el Ministerio Público deliberadamente pasó por alto el descubrimiento de los cheques que la Embajada de Taiwán entregó al presidente Portillo y que éste usó en forma absolutamente personal, tal y como era la intención de los donantes, porque seguir el caso hubiera puesto en apuros no sólo a los chinos que giraron los cheques, sino posiblemente se hubiera destapado toda una gigantesca caja de Pandora en la que hubieran salido a relucir cheques para otros políticos, incluyendo los que estaban en el poder cuando se inició la persecución de Portillo.
El escándalo de Taiwán, que ahora vuelve a cobrar relieve con la captura del que no sólo fue corruptor sino corrupto, evidencia que con tal de no comprometer a ese país y, sobre todo, de no abrir espacio para que se hablara de cómo han sobornado a tanta gente en estos países, no se usó el más claro y categórico caso que hubo contra Alfonso Portillo, puesto que el Ministerio Público a cargo de Juan Luis Florido prefirió dirigir el encausamiento a un inexistente delito de peculado en vez de seguir la línea del los regalos en efectivo que los chinos hicieron al gobernante guatemalteco para condicionar nuestra política exterior a cambio de un claro y evidente soborno. Entre bomberos no se machucan la manguera, deben haber pensado entonces, y por lo tanto la corruptela promovida por Taiwán no llegó a ser objeto de una investigación siquiera superficial.