Francia conmemora mañana el 90º aniversario de la firma del armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial, con una ceremonia encabezada por el presidente Nicolas Sarkozy, en la que por primera vez no habrá ningún sobrevivientes de la hecatombe que marcó el comienzo del siglo XX.


El mandatario francés pronunciará un discurso en el osario de Douaumont, contruido en los años 20 para instalar allí los restos de los 300 mil muertos franceses de la batalla de Verdún en 1918, antes de visitar un cementerio alemán en el mismo sector.
Por primera vez, esta ceremonia no contará con la presencia de veteranos que fueron los protagonistas de ese conflicto entre 27 naciones, que en 1.500 días dejó más de diez millones de muertos y unos 20 millones de heridos y mutilados.
El último de los soldados franceses que participó en la Primera Guerra Mundial, Lazare Ponticelli, falleció el 12 de marzo pasado a los 110 años.
En Francia fueron 1.394 mil los muertos al terminar el conflicto, es decir un 17% de los 8,7 millones de soldados movilizados, y más de 3 millones de heridos, de los cuales un millón de inválidos.
En los cuatro años también murieron 1.900 mil alemanes, un millón de austro-húngaros y 1.700 mil rusos, a pesar de que Rusia sale antes de la guerra luego del armisticio firmado entre Alemania y los Soviets en 1917.
Gran Bretaña perdió 760 mil soldados al terminar el conflicto, Italia 650 mil y Estados Unidos, que entra en guerra en abril de 1917, registró 115 mil muertos.
La ceremonia de mañana recuerda la firma del armisticio «a las 11 horas del onceno día del onceno mes de 1918» en un vagón de ferrocarril en las inmediaciones de Compiegne, a unos 90 km al norte de París, entre el mariscal francés Ferdinand Foch y el plenipotenciario alemán Matthias Erzberger.
Iniciado cuatro años antes, con las técnicas bélicas del siglo anterior, el conflicto habría de adquirir rápidamente un carácter industrial, con el rápido desarrollo de la artillería pesada, la aviación, los blindados, así como la producción en serie para satisfacer las demandas en el campo de batalla.
La utilización por primera vez en la historia de armas de destrucción masiva, como el hecho de que el conflicto se desarrollase durante los cuatro años en territorio francés, explica al parecer el impacto y traumatismo que aún persiste, a pesar de la victoria bélica, en la memoria colectiva francesa.
En los 20 años que transcurrieron entre ambos conflictos mundiales, hubo en Francia un verdadero culto a la victoria y a la celebración de sus héroes con miles de monumentos hasta en la más mínima localidad o pueblo, con la lista de los «caídos en el campo del honor».
Más recientemente y sobre todo después de la caída del muro de Berlín y la consolidación de la Unión Europea, la Primera Guerra mundial ha sido objeto de un interés creciente en el mundo occidental, como lo demuestra la abundante creación literaria y cinematográfica producida a este respecto.
En Francia, este interés también ha hecho resurgir temas polémicos, en particular el de los soldados fusilados en 1917, por haberse amotinado contra lo que consideraban órdenes incoherentes de sus superiores, que los condenaba a un muerte segura.
En noviembre de 1998, con motivo del 80º aniversario del armisticio, el primer ministro socialista Lionel Jospin había estimado que esos amotinados debían ser rehabilitados, provocando la reacción contraria del entonces presidente conservador Jacques Chirac.
Este año, la Liga de los derechos humanos (LDH) exigió se continúe el «proceso de rehabilitación» y el partido de los Verdes organizará mañana una ceremonia de homenaje a esos precursores contra lo absurdo de la guerra.