Uno de los planteamientos más generalizados respecto a los estímulos que se requieren para salir de la crisis económica es la reducción de impuestos a la clase media para dotarlos de mayor cantidad de dinero que puedan gastar y de esa cuenta alentar el consumo con la idea de que así se detenga la caída de la producción y del empleo. Junto a eso, se considera que la inversión pública debe ser el complemento aunque pueda significar incremento del déficit fiscal, puesto que ello permitiría ocupar a parte del contingente de desempleados.
En general esas dos acciones parecen estar en la mente de la mayoría de líderes mundiales, sobre todo los de aquellos países industrializados que se reunirán en Washington a finales de esta semana. El mismo presidente electo de los Estados Unidos incluye en sus programas la reducción de impuestos para quienes ganan menos de 250,000 dólares al año, calculando que los reintegros que les haga el fisco (IRS) irán en buena medida al consumo que está en franco retroceso, y países como España también incluyen en el paquete de ajustes la reducción de impuestos para la clase media.
En Guatemala el CACIF ha dado una receta que podría parecer similar, pero que tiene rotundas diferencias. En primer lugar, hay que comparar el peso de la carga tributaria de esos otros países respecto a su Producto Interno Bruto y veremos que la diferencia es abismal porque se trata de naciones con una larga historia y mayor cultura tributaria. Pero, además, en Guatemala el empresariado pretende que el Estado reduzca su inversión y que disminuya el presupuesto, lo que va en contra de lo que se propone como alternativa para la crisis en el resto del mundo.
Desafortunadamente en Guatemala no se puede hacer un programa de reducción de impuestos porque los existentes son exiguos y, en términos generales, los paga únicamente la clase media que no tiene cómo evadirlos ni cómo trasladarlos a otros. Los esfuerzos por ampliar la población tributaria han sido inútiles y también ha sido estéril todo esfuerzo por lograr criterios más equitativos para distribuir el peso de la carga fiscal.
No es que Guatemala tenga que ir en dirección contraria al resto del mundo, sino simplemente de tratar de que nuestra tributación se acerque un poco a la de los otros países donde la gente sí contribuye a la inversión social con lo que se ha permitido un desarrollo que nosotros seguimos anhelando. Por eso es que las recetas económicas no son iguales para cualquier país y cualquier sociedad porque pesan mucho las circunstancias.