Hasta en los estacionamientos hay inmunidad…


La capital y otras ciudades del paí­s afrontan serios problemas de tránsito, incluso cuando hay necesidad de estacionar los vehí­culos.

Marco Tulio Trejo Paiz

Y es que, por un lado, los centros urbanos están inundados de automóviles, autobuses, camiones, «tuc, tucs», tráileres, carretas de bueyes y de mulas -incluidas las carrozas utilizadas para la venta de aguas gaseosas, «hot dogs» y de otros productos alimenticios-, motos, bicicletas y toda clase de «trastes» rodantes… Por otro lado, los agentes que tienen la obligación de velar por el orden y la fluidez de la circulación contribuyen a complicar las cosas en las calles. Es más: los semáforos, casi en su totalidad, no están bien sincronizados, y eso provoca muchos problemas.

En ciertos sectores capitalinos se registran serios, muy serios congestionamientos de tránsito vehicular. Las personas que se dirigen al trabajo, a los establecimientos educativos, etcétera, sufren atediantes y perjudiciales demoras para llegar a su destino, lo cual, naturalmente, es insoportable; contribuye a deteriorar la economí­a nacional, de por sí­ deteriorada en estos tiempos tan preocupantes y de malos augurios?

En buen número de ciudades, pero especialmente en nuestra perturbada metrópoli, que es la principal del paí­s, han proliferado los sitios o predios de estacionamientos públicos y privados, cuyos propietarios incrementan cada vez más, a su mejor conveniencia, los precios o tarifas de un servicio que es susceptible de muchos riesgos.

¡Ah, pero en esos predios se colocan rótulos en los que frescamente se advierte a los conductores o dueños de los automotores que los señores que explotan el negocio de aparcamiento no se responsabilizan, en absoluto, de los daños que puedan ocasionarse a los vehí­culos! ¡Qué tal!… Bonita ganga, ¿no? De manera que cualquier abollón, que cualquier robo de radios, de alfombras, de llantas, de herramientas y demás objetos del interior y del exterior de los vehí­culos, pueden ser cometidos impunemente por los amigos de lo ajeno que se introducen de la calle en los predios de marras o, fácilmente, por los que ya están adentro, en las entrañas del «monstruo»?

Es así­ como también existe «inmunidad» o «impunidad» en los lugares destinados al estacionamiento vehicular. No sólo los excelentí­simos corruptos del Congreso de la República pueden cometer supermillonarias «garfadas» respecto de los dineros del pueblo; de un pueblo aguantador, sino, asimismo, los explotadores del negocio de los sitios donde se aparcan los «patas de hule».

Las autoridades respectivas, que autorizan el funcionamiento de los llamados «parqueos» de la capital y demás ciudades de la República, deberí­an poner un «Â¡hasta aquí­!» a la situación de abusos económicos y a la irresponsabilidad que se atribuyen arbitrariamente los propietarios de los mencionados estacionamientos en cuanto a los riesgos que se corren al guardar en ellos los vehí­culos y en relación, a la vez, con lo que cobran excesiva y progresivamente cuantas veces se les antoja.

Para colmo de males, en las universidades privadas, en los hospitales y también en otros centros de salud, en los hoteles y virtualmente en todas las entidades de importancia por su cuantioso metálico, el «parqueo» de vehí­culos tiene precios exorbitantes, de abuso, que provocan gastos onerosos y airadas protestas que se generalizan más y más, al punto que ya se están temiendo acciones de violencia.